18.05.04. Lo que piensan los clientes de
una empresa acerca de sus productos o servicios, de su imagen, de su
funcionamiento general o de su nivel de calidad es cuestión que está cobrando
cada día mas relieve. Históricamente son muchas las empresas que han vivido
de espaldas a esto. Sus clientes les compraban o seguían solicitando sus
servicios y esto ya bastaba. Además, los comerciales y hasta el mismo gerente
tenían un trato personal, más o menos intenso, con los clientes y controlaban
así la situación. Solamente algunos empresarios o directivos se preocupaban
por lo que pudiera haber en la mente y en la percepción de los clientes.
La creciente competencia y competitividad en todos los
sectores productivos, comerciales y de servicios, unida a la globalización
cada día mayor de la economía, está cambiando el escenario de los mercados.
Una mayor conciencia de la calidad y de su importancia en los consumidores y, por tanto, en los clientes empuja en
otra dirección a la tradicional. El
cliente sí que importa y cada día más. Las normas ISO 9000 y, más todavía,
en la versión actual ISO 9001:2000 insisten e inciden más en la consideración
de la satisfacción del cliente.
Por todo lo anterior, se está
creando una creciente ola de preocupación en la empresa por conocer cual es el
nivel de satisfacción de los clientes. Tanto individualmente como globalmente.
Y esto parece debe de constituir,
y la lógica así lo ratifica, una preocupación a tener en cuenta, con
ISO 9000 y sin ella. Es algo que está por encima de normas y reglamentos.
En consecuencia, como
Consultores, propugnamos que hoy en día es muy importante y conveniente
conocer realmente que piensan los clientes de la empresa proveedora de
productos o servicios. Y subrayamos realmente porque existe
el riesgo de considerar que los clientes piensan lo que nosotros pensamos que piensan. Y esto es un error,
tan frecuente como peligroso.
Conocer la satisfacción del
cliente va más allá de que nos
compren o no, de que utilicen nuestros servicios más o menos, de que los
comerciales de nuestra empresa estén satisfechos de la situación que ellos
deducen en su trato cotidiano con los clientes. La
impresión de los comerciales es importante, pero puede y suele ser
sesgada, subjetiva. Con frecuencia intervienen en esas relaciones personales
factores distorsionantes como aspectos de la personalidad del cliente, simpatía,
amabilidad, empatía con el comercial, descuentos o rappels concedidos,
invitaciones o regalos entregados y otros muchos más. Todo esto ayuda a vender
y permite al comercial mantener una cierta fidelización del cliente, pero no
dice lo necesario de lo que piensa realmente el cliente. Salvo excepciones
lógicas derivadas del buen hacer del comercial, capaz de sacar
información válida del cliente.
Las tendencias y prácticas
habituales en la actualidad van, sin embargo, por otro camino. Se trata de que
la empresa conozca, de
verdad y con cierto grado de seguridad, el verdadero nivel de
satisfacción de sus clientes. Esto es vital para ella y se juega el futuro en un mercado cada día más competitivo, en el
que siempre aparece otro que lo hace
mejor que tú, o al menos que
lo aparenta o que lo vende más y
mejor.
Pero ¿cómo conocer ese
nivel de satisfacción de los clientes? Esta es la cuestión básica cuya
respuesta, ni es única, ni es una receta que soluciona por sí sola el
problema. Hay muchas formas de hacerlo. La cuestión es cual es la mejor para
el caso concreto de cada empresa, teniendo en cuenta múltiples factores a
considerar.
Lo que es evidente es que se
debe de preguntar al cliente lo que piensa en vez de ponernos nosotros en su
lugar. Y para preguntar al cliente hay que discernir:
·
¿Qué le preguntamos?
·
¿Cómo se lo preguntamos?
·
¿Cuándo se lo preguntamos?
·
¿Quién se lo pregunta?
Cada cuestión anterior nos
lleva a hacer unas consideraciones diversas. Vaya por delante de que es un tema
que ha ser tratado por:
·
Expertos en la cuestión,
por ejemplo consultores externos que conozcan este tema
·
Empleados de la
empresa, normalmente varias personas que formen un equipo y dediquen un tiempo
y trabajo a esta cuestión.
·
Un equipo mixto de
algunos empleados de la empresa y consultores externos.
Al cliente se le puede
preguntar muy diversas cosas y con
diferente finalidad. Pero está claro que las preguntas
habrán de ser:
·
Suficientes para obtener la información buscada, pero limitadas
ya que no se debe cansar ni aburrir al cliente, haciéndole emplear un tiempo
que, seguramente, ni tiene ni quiere dedicar a esto.
·
Fáciles de comprender y de contestar
·
Útiles para llegar a obtener la información que se trata de
conocer
·
Evaluables con objetivida
·
Preferentemente codificables para poder hacer un tratamiento
estadístico que permita llegar a conclusiones válidas.
Se puede tratar de obtener la
información buscada preguntando al cliente de diversos modos. Así podemos
·
Visitar al cliente y conversar con él informalmente
·
Entrevistarle dentro del marco de las visitas comerciales
·
Entrevistarle más formalmente, en entrevista del gerente de la
empresa con el gerente del cliente o un equipo de éste.
·
Hacer encuesta telefónica
·
Enviar encuesta o cuestionario por correo postal
·
Enviar encuesta o cuestionario por e mail
Dentro de éstas formas citadas
caben diversas variantes, en base a quién plantea o hace la encuesta o
cuestionario o quién entrevista o llama por telefóno.
La forma de medición del nivel
de satisfacción del cliente que parece más fiable y de la que se puede
obtener mejores y más amplios resultados es el cuestionario.
Un buen cuestionario, que conjugue buenas e intencionadas preguntas, con la
brevedad y la sencillez, unida a una presentación aceptable, es una buena
herramienta. Resta después usarla bien. Y esto conlleva
·
Presentarlo adecuadamente con la introducción necesaria ante el
cliente.
·
Dar las instrucciones para contestar que el caso requiera.
·
Conseguir un grado de respuesta lo más elevado posible, dentro
de la lógica dificultad que esto entraña.
·
Saber manejar y evaluar los resultados de cada contestación
adecuadamente.
·
Saber obtener las conclusiones válidas de las respuestas
obtenidas.
·
Sistematizar las conclusiones finales.
La elaboración de un
cuestionario de ésta naturaleza hemos de decir que no es nada fácil. Y esto
no porque sea complicado, que no lo es, escribir unas preguntas o una batería
amplia de preguntas a hacerles a los clientes. Esto lo pueden hacer bien en la
mayoría de las empresas. Los problemas se plantean porque
·
Ha de vencerse la inercia y las pocas ganas que la mayoría de los clientes sienten por contestar
por escrito e incluso verbalmente a un cuestionario.
·
Ha de superarse esa cierta actitud de autodefensa y reacción
negativa que todos experimentamos frente a quien quiere sonsacarnos
algo y hacernos preguntas.
·
Ha de lograrse un equilibrio entre la utilidad y la facilidad del
cuestionario, así como del tiempo preciso para cumplimentarlo..
·
Ha de saberse plantear preguntas con coherencia y orden, en busca
de unos objetivos claros.
·
Ha de saberse interpretar a fondo los resultados, llegando mucho
más allá de lo que una lectura superficial o rápida de las respuestas nos
pueda sugerir.
·
Ha de hacerse buenos análisis, preferiblemente estadísticos, de
los resultados obtenidos con el cuestionario.
Todas estas cuestiones y otras
no citadas, en orden a la brevedad de este artículo, llevan a asegurar que
confeccionar cuestionarios de este tipo es cuestión de expertos en la materia.
Lo contrario, puede llevar a tener una cierta información. Pero ésta puede
ser escasa y hasta engañosa. Según cómo se hagan las preguntas y lo que se
pregunte el cliente puede contestar que está muy satisfecho o expresar una opìnión
contraria.
Como un tema importante es la motivación
que sienta el cliente para responder, ha de tenerse en cuenta este aspecto. Es
evidente que un cliente desmotivado o poco motivado no atenderá ni contestará
a nuestras preguntas. Luego conviene hacer algo al respecto.
Esto podría ser
·
Explicación previa y personal al cliente, por parte de
empleados, comerciales o hasta el propio gerente de la empresa de lo que se
pretende con la encuesta, preguntas o cuestionario.
·
Hacerle ver que el resultado obtenido redundará en mejores que,
al fin y al cabo, recaerán sobre los clientes.
·
Hacer una carta o e mail bien elaborado, previa al envio del
cuestionario, explicando el proceso que se va a aponer en marcha y la finalidad
perseguida.
·
Incentivar con alguna ventaja e incluso regalo a aquellos
clientes que contesten o a una parte de ellos por sorteo o similar.
·
Cumplimentar el cuestionario directamente por personal de la
empresa, llevándolo en mano a las oficinas del cliente.
Otra cuestión que suele
plantearse es a qué clientes se ha de enviar el cuestionario. Según el número
de clientes de la empresa y su importancia relativa, se puede:
·
Enviar a todos los clientes
·
Enviar a los más importantes por su nivel de compra o por su
relevancia.
·
Hacer un muestreo, estadísticamente bien preparado, entre todos
los clientes.
·
Enviarlo a un porcentaje determinado de los clientes en base a
los criterios que se definan.
Finalmente, aconsejamos que si una empresa
decide poner en marcha un proceso de medición del grado de satisfacción de
sus clientes, ha de hacerlo con:
·
Plena convicción
·
Dispuesta a aceptar por
completo los resultados obtenidos
·
Dispuesta a implantar las soluciones necesarias para subsanar las
deficiencias o insatisfacciones que se pongan de manifiesto en el proceso.
·
Llegar hasta el final del proceso.
·
Poner los medios personales y materiales que sean precisos.
·
No dejarse llevar desde el principio por sus propias opiniones o
creencias acerca del nivel de satisfacción de los clientes que su dirección
o su personal puedan tener.
·
No engañarse pensando ¡nos
compran, luego son clientes satisfechos y fieles!.
·
Continuidad en el
tiempo, analizando la evolución hacia la mejora, el estancamiento o el
empeoramiento de la situación.
·
No creer que esto es cuestión de ¡cuatro preguntas y ya está!
·
No pensar que los expertos o los consultores
¡le echan mucho cuento a esto y se dan mucha importancia!
·
Es mejor no hacer nada que hacerlo mal y de cualquier manera.
Esto último podría ser contraproducente, ya que aparte de un tiempo perdido
por nuestra parte y por la del cliente, podría dar una mala imagen ante éstos.
·
La dirección de la empresa y, en su caso, los departamentos o
secciones afectadas han de saber aceptar y encajar las concluiones que emanen de las encuestas o cuestionarios
realizados.
Ésta última cuestión no es nada despreciable. La
experiencia demuestra que en bastantes empresas no es posible poner en marcha
o, una vez iniciada, no es posible subsanar las insatisfacciones de los
clientes puestas de manifiesto en el proceso por:
·
Miedo del gerente o directivos a las conclusiones que se puedan
obtener. Este miedo procede de temor a que las conclusiones puedan poner en
peligro o en entredicho el puesto, la imagen o el status de aquellos.
·
Desprecio del gerente o directivos sobre estos temas, por el
estilo de dirección que tienen establecida o por su propia personalidad.
·
No estar dispuestos a liderar el proceso, delegándolo plenamente
en subordinados, para aceptar o no, después, las conclusiones según convenga.
·
Un cierto desprecio hacia
el cliente que convierte aquello de que el cliente siempre tiene razón en el cliente sólo sabe
exigir y dar la lata. Y se añade mentalmente y apretar en el precio y en las condiciones y... muchas vecess pagar
mal.
·
Estar tan metidos en el día a día que los
árboles no dejen ver el bosque. No ser capaces de captar la importancia de
conocer la situación actual. Ha de tenerse en cuenta que la situación actual
con los clientes generará la de mañana.
Nos permitimos terminar
planteando unas preguntas, que sirvan de reflexión sobre este tema.
·
¿Conoce la empresa las causas reales por las que algunos
clientes, muchos o pocos según cada caso, se han ido, han dejado de ser
clientes de la empresa?
·
¿Se tiene una idea del grado de fidelidad de los clientes con la
empresa?
·
¿Son nuestros clientes nuestros mejores comerciales
y nos traen o envian otros clientes?
·
¿Corremos el riesgo de que los clientes de la empresa puedan ser
captados facilmente por la competencia?
De todo lo anterior se deduce,
evidentemente, la conveniencia de subirse
al tren de aquellas empresas que ya están tratando y considerando esta relevante
cuestión de la medición del grado de satisfacción de los clientes.
Como Consultores de la Gestión
empresarial, estamos al servicio de aquellas empresas que requieran ayuda y
apoyo para llevar adelante un trabajo de este tipo, por lo que pueden ponerse
en contacto con nosotros, tanto para planteamientos profesionales de colaboración
como para consultas al respecto que trataremos, en la medida de lo posible, de
contestar.
Manuel Díaz Aledo
Consultor de Empresas
Dyal
Qualit