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¿Cuando y por qué contratar
a un auditor de cuentas?
01.09.03. La auditoria de cuentas es en España, como en otros países,
obligatoria para determinados niveles de empresa, legalmente regulados
desde hace poco más de una década. Pero la auditoria de cuentas ya
viene de muy atrás. Los auditores tenemos una larga
trayectoria de ayuda a las empresas en todo el mundo.
Si
bien sus orígenes y mayor desarrollo suelen asociarse más al mundo
anglosajón, la Europa latina tiene ya una larga trayectoria en esta
materia. Pero ¿qué es la auditoria de cuentas? La Ley 19/1988, de 22
de julio la define como "la
actividad consistente en la revisión y verificación de documentos
contables, siempre que aquella tenga por objeto la emisión de un
informe que pueda tener efectos frente a terceros"
Como
vemos se caracteriza por.
·
Ser un trabajo de revisión,
análisis, verificación y examen de documentación de naturaleza
contable.
·
Emisión de un Informe
·
Con efectos frente a
terceros
Esto
convierte a un auditor en una especie de "fedatario público"
de que las Cuentas Anuales están "bien". Y
¿esto que significa? Pues que cuando el auditor emite un informe
denominado "limpio" está indicando que "en
su opinión profesional" dichas
cuentas "presentan
razonablemente la imagen fiel..." El
auditor, por tanto, no "certifica"
nada. Da una opinión profesional
o, mejor dicho, su mejor opinión profesional sobre dichas cuentas
anuales auditadas. Y manifiesta que "razonablemente",
es decir que no con exactitud matemática sino con un cierto nivel de
aproximación, dichas cuentas anuales son fiel reflejo de la
verdadera situación económico-
patrimonial de la empresa auditada y de los resultados alcanzados.
Por
tanto, el auditor no es un contable ni un
revisor de la contabilidad que analizando el cien por cien de la
documentación contable, diese su veredicto u opinión final. No es así.
El auditor utiliza procedimientos
de auditoria basados en el muestreo. Además esas muestras
analizadas no son, por lo general, excesivamente amplias. Solo es así
cuando la situación del control interno y de su contabilidad lo
requiera. Por tanto, no se trata de que las cuentas anuales estén
completamente exentas y limpias de errores o irregularidades, sino de
que estos no rebasen determinados límites de "tolerancia". El
informe puede ser, también, con "salvedades",
es decir, con determinadas limitaciones encontradas o cuestiones
parciales que no son correctas, pero que no impiden que el resto de las
Cuentas esté bien.
Por
otra parte, el auditor no
es un investigador, al estilo de Sherlock Holmes, que rastrease
minuciosamente todos los vericuetos de la vida económico- financiera de
la empresa, en busca de fraudes, robos y operaciones irregulares. Si se
las encuentra en su camino, tratará de llegar hasta el final y ponerlas
completamente en claro. Pero sus métodos de trabajo no están diseñados
para esa finalidad específica. Lo que sucede es que estos métodos
permiten que, en la mayoría de los casos en que esas situaciones
irregulares se produzcan, serán detectadas por el trabajo del auditor.
Las
clave está en que el trabajo del auditor hay que verlo
en positivo, como una ayuda en la clarificación de la documentación
contable y un espaldarazo que les dé, ante terceros, una mayor
fiabilidad y garantía. Además, el auditor aconseja y ayuda a la
empresa en el correcto tratamiento contable de muchas situaciones que
puedan producirse.
Es,
en consecuencia, el auditor una ayuda
más a la empresa y nunca un frio fiscalizador de las cifras
contables elaboradas por aquella. El contrato habitual de varios años
permite, además, un mejor conocimiento de la problemática de la
empresa auditada y de sus circunstancias.
Y
aparte de todo lo anterior, el profesional de la auditoria, en su faceta
como tal auditor, puede realizar
otra serie de actuaciones diferentes a la indicada. Así puede
desarrollar toda clase de revisiones
contables de áreas concretas de la contabilidad o de la actividad
económica de la empresa. Puede actuar como "experto
independiente" siguiendo ésta figura creada por la última
reforma mercantil implantada en nuestro país al inicio de los años
noventa. El Registro Mercantil, los Juzgados o las propias empresas
pueden designar auditores para diversos trabajos que, con cierta
frecuencia, deben afrontar. Y, finalmente, el auditor es un buen
profesional para la auditoria de
gestión o para ayudar a implantar un buen nivel de control interno.
A
continuación se exponen algunas cuestiones que pueden ayudar a conocer
mejor el trabajo del Auditor:
1.
El Auditor de cuentas tiene una buena preparación
y formación. Para el acceso a esta profesión tuvo necesidad de
alcanzarla a través de cursos y exámenes específicos, unida a una
experiencia práctica determinada. La mayoría son licenciados y
diplomados en Económicas y Empresariales o Titulados Mercantiles.
2.
El Auditor no realiza su
trabajo con mentalidad fiscalizadora, lupa en mano, para ver qué
"caza" y "quien es el culpable". Todo lo contrario.
Como experto profesional, sigue la documentación contable de la empresa
de acuerdo con una determinada técnica
y evalúa los errores o irregularidades que pueda encontrar, para
ver el impacto que estos puedan tener en las Cuentas Anuales.
3.
El Auditor pone en
conocimiento de la empresa las deficiencias y errores que encuentre.
Las deficiencias o debilidades del control interno, lo que podríamos
llamar "fallos o lagunas" del sistema empleado por la empresa,
se las indica a la Gerencia. Los errores e irregularidades de la
contabilidad, si son de cierta importancia (significativo o materiales
en el argot profesional), le llevan a proponer ajustes y
reclasificaciones a dicha contabilidad. Si la empresa los acepta y hace
suyos habrá solucionado "los fallos" y "las
deficiencias" y presentará unas Cuentas Anuales correctas.
4.
No confunda al Auditor con
un Inspector de Hacienda.
Por favor, ¡existen notables diferencias!! El Auditor va a prestarle un
servicio profesional. No inspecciona. Eso sí, dentro del marco de un
profesional independiente de la empresa.
5.
En el Auditor puede y debe confiar. Está sujeto al secreto profesional en forma estricta. Y eso le impide hacer uso de
sus conocimientos de una empresa para otras finalidades externas a ella.
Su relación es directa y única con su cliente, la empresa auditada. Es
el cliente el que hará el uso que quiera de la auditoria y es el único
que puede autorizar a un tercero para acceder a los papeles de trabajo
de su auditoria.
6.
No piense que el Auditor no sabe nada de su empresa ni su sector.
Todos los auditores escuchamos de muchos de nuestros clientes aquello de
"es que mi empresa es
completamente diferente" o "este
sector es distinto a todos los demás". Quienes están al
frente de una empresa a auditar saben todo de ella y de su sector, más
que el Auditor por lo general. Pero eso es referido a los aspectos de
proceso o actividad de la empresa. En lo que es la
gestión y, en concreto, el
área económica y administrativa el Auditor tiene un amplio
conocimiento, derivado de su formación y experiencia profesional.
7.
La auditoria y los demás trabajos relacionados con ella que
puede realizar el Auditor no se deben
afrontar solamente por imperativo legal. Por obligación e imposición
de la normativa mercantil. Puede ser voluntaria.
Esta es una práctica seguida por muchas
empresas que se auditan para garantizar que sus Cuentas Anuales y su
información contable son correctas. Esto genera confianza a la dirección
y permite corregir disfunciones, fallos o deficiencias. También sirve
de formación al personal que interviene en su elaboración.
8.
No dé siempre la razón por sistema a sus empleados o
colaboradores en la gestión de la empresa, frente a las opiniones o
informes del Auditor. Evite ese
enfrentamiento sistemático. Piense que los suyos pueden estar
equivocados o quieren mantener su criterio a toda costa. O sencillamente
tienen miedo a lo que puede decir el Auditor.
9.
El Auditor no debe generar "miedo" ni "temor"
en los empleados. Respeto sí, pero unida a la confianza.
Este es el caso general. Si alguien hubiese cometido alguna "tropelía"
es lógico que no esté tranquilo.
10.
No escoja al Auditor tan solo por una cuestión
de precio. ¡El de presupuesto más bajo!.
Debe analizar otros aspectos tales como alcance de la propuesta,
prestigio del auditor o la firma, experiencia que pueda tener,
referencias que tenga de él o de los trabajos realizados, planificación
temporal que presente. Elegir tan solo por el precio, como en otros órdenes
de la vida, puede ser un error. El
Auditor necesita tiempo para hacer completo y bien su trabajo. Y el
tiempo, las horas, tienen un coste acorde con la categoría profesional
del Auditor. Por tanto, las "gangas" no son normalmente
posibles.
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