11.04.05.
El tema del liderazgo está
reclamando cada día mayor interés por
parte de directivos, gerentes, jefes de diversos niveles y estudiantes de
Master de Administración y Dirección de empresas. Es como si se estuviese
descubriendo, en los últimos años, un horizonte nuevo en la dirección de
empresas. Y el caso es que esto es
tan viejo como la vida misma.
Hace tiempo, en mis años de
estudiante de Económicas, manejaba un libro de texto de excelentes contenidos.
Era el “Curso de Administración Moderna” de Koontz y O´Donnell. Buen
libro que, a lo largo de mi vida profesional, me ha servido en bastantes
ocasiones y que todavía sigue en las estanterías de mi despacho, aunque con
las heridas de guerra de sus años de uso y vejez. Pues bien, este libro tiene
un capítulo dedicado al liderazgo. En él estudiaba, por aquellos años,
cosas tales como :
...Aunque es práctica de algunos
científicos sociales tomar los términos administración (dirección o gerencia) y liderazgo como sinónimos, los
autores de este libro creen que deben distinguirse
Se puede definir el liderazgo
como el arte de inducir a los subalternos a cumplir sus tareas con celo y
confianza. El celo refleja ardor, honradez e intensidad en la ejecución del
trabajo; la confianza refleja experiencia y habilidad técnica. Actuar de líder
es guiar, conducir, dirigir y anteceder.
El líder actúa para ayudar a un
grupo a lograr sus objetivos con la aplicación máxima de sus capacidades,
pero nunca pierde su propia identidad; toma su lugar frente al grupo
facilitando su progreso e inspirándolos para cumplir las metas de la
organización.
Otras muchas y
atinadas frases seguían a lo largo del capítulo citado, que iban centrando el
tema con claridad.
Poco años
después, al entrar en mi propia vida laboral, me vi inmerso, casi desde el
inicio, en la dirección de amplios grupos de trabajadores. Y con ello, hube de
poner en marcha mi capacidad de liderazgo. Permítaseme este pequeño paso por
mis propias experiencias personales, para desarrollar mejor el tema del
liderazgo.
Con mis pocos años,
mi primera titulación de Ingeniero T. Industrial, mi experiencia laboral tan sólo
de unos meses en un departamento técnico de una importante empresa de mi país,
entré a trabajar en unos grandes astilleros, con varios miles de trabajadores.
Por avatares y circunstancias fortuitas, hube de hacerme cargo, desde el primer
día, del departamento de Electricidad y Electrónica, con unos trescientos
trabajadores, todos hombres, bajo mi mando. La mayoría por encima de los
cuarenta años y bastantes entre cincuenta y sesenta. En esta entrada brusca en
la piscina de la dirección de empresas,
todas las piezas precisas para el mando y la gestión de un grupo de hombres
las tuve que poner en marcha y aprender aceleradamente. Y no tuve más remedio
que ser jefe y líder. Cuestiones que, como decían los autores del libro antes
reseñado, son cosas muy diferentes.
Tras cuatro años
en los astilleros, pasé a trabajar en una multinacional sueca del mundo de las
telecomunicaciones. Allí fui durante siete años Director de Producción, lo
que ahora suele denominarse Gerente de Producción. Y bajo mi mando, entre
300/350 trabajadores, todos muy jóvenes y la mayoría mujeres. Hube, por
tanto, de continuar dirigiendo y, entre otras cosas, liderando.
Finalmente, a
lo largo de mis años como Consultor de empresas, he visto toda clase de jefes.
Gerentes, Directores, Directivos, Jefes de Departamento y de Sección, Mandos
intermedios, toda una amplia gama del espectro de las jefaturas. Y he podido ir
concretando mis ideas acerca del liderazgo.
Tras este pequeño
rodeo, por algunos retazos de mi propia experiencia, pretendo exponer unas
pocas ideas, resumidas, sobre mi visión del liderazgo en la gerencia.
EL LÍDER
NATURAL, EL LÍDER CONSTRUIDO Y EL LÍDER APARENTE
¿Recuedan Vds.
como, en su época de estudiantes, al inicio de los primeros cursos, siempre
había uno o dos de ellos que
destacaban, sobresalían y enseguida gozaban del voto o la confianza del grupo
para representarlos? Estos parecían, en esos primeros días, los mas
espabilados, los que más sabían, los más atrevidos, los más simpáticos,
los que tenían mayor gracia, parecía que atraían e inspiraban confianza al
grupo, siempre un poco atemorizado y encogido en esos inicios de carrera. ¿Qué
sucedía pronto? ¡Que iban cayendo enseguida del pedestal!. Ni sabían demasiado, más bien solían ser estudiantes flojos,
dejaban de atraer y de inspirar confianza y acababan perdiendo la
representación del grupo. Tan sólo, algunas veces, seguían siendo simpáticos.
¿Qué había
pasado? Que eran líderes aparentes, ficticios.
Les faltaban la mayoría de las condiciones. No bastaba con aparentar y querer
hacerse con el timón del grupo, a costa de una ventaja inicial obtenida por
sorpresa y saliendo el primero. Los líderes
aparentes, que en las empresas también los hay, no tienen la madera necesaria.
Más bien, no suelen tener nada de líderes.
Analicemos esta
frase: el líder nace, no se hace. En mi opinión, es cierta y falsa a la vez. Y esto
tiene una explicación. Hay características para el liderazgo con los que se
puede nacer, son innatas, se poseen y afloran en la infancia o en la juventud.
A veces al inicio de una vida laboral. Pero, también, el líder se puede
hacer, construir, en base al esfuerzo por obtener y desarrollar una serie de
virtudes, valores y capacidades precisas para poder jugar ese papel.
Estamos así
ante el líder natural y el
líder construido. El primero, el natural, posee unas
capacidades innatas que ha de desarrollar si tiene las oportunidades para ello.
Un gerente o directivo con esa capacidad natural, tiene casi todo el camino
andado, aunque no todo. Se pueden dilapidar esas capacidades y estropear. Somos
humanos y podemos echar a perder ese importante caudal.
El líder
construido, el que se ha ido forjando como tal con
esfuerzo, voluntad y aprendizajes, rara vez se puede lograr sobre la nada. Es
preciso un algo anterior, una personalidad adecuada, unas ciertas dotes
previas. No sólo es proponérselo o estudiarlo en los libros o en cursos sobre
liderazgo, comunicación o aprender a hablar en público. Entre otras cosas, se
precisa algo fundamental: una intención recta, una sinceridad hacia el grupo,
una ausencia de querer o desear usar al grupo para, la inexistencia de un simple deseo de mandar. Y otras más.
Pero es posible conseguirlo. El líder puede llegar a hacerse.
ALGUNOS RASGOS
DEL PERFIL DEL LÍDER
Dejando a un
lado el carácter innato o adquirido de la capacitación de un líder, sí
podemos enumerar algunas características que, a mi juicio, forman parte del
bagaje necesario para alcanzar cotas de liderazgo. Y, en todo caso, teniendo en
cuenta que el liderazgo surge y se ejerce ante un grupo de personas. En
el caso de un gerente o directivo, será ante el personal de la empresa y su
estructura jerárquica o ante aquellos que formen parte del grupo que el mando
o directivo ha de dirigir.
·
Personalidad adecuada
Se requieren
unos rasgos de personalidad que muestren un buen nivel de equilibrio global.
Por tanto, aspectos como la serenidad, la confianza en sí mismo, el
autodominio se deben de mezclar con la capacidad de escuchar, la ausencia de
egocentrismo, la intuición, el don de gentes, la apertura mental y una buena
dosis de objetividad.
·
Estilo de mando
No existe una
correlación exacta entre los distintos estilos de mando y el liderazgo, pero sí
considero, por la experiencia al inicio señalada, que un estilo autoritario no
va con un verdadero liderazgo. Al jefe autoritario, al que ejerce su cargo al
grito permanente del ordeno y mando, al que sólo
quiere la obediencia, cuando no la sumisión, a toda costa, al que prefiere no
dar muchas razones, al que se deja
rodear de aduladores, con frecuencia inútiles o frustrados, a ese se le sigue
por organigrama, porque no hay más remedio. Y nada más. A veces ni se le
sigue, se le caricaturiza por las esquinas o se le desprecia profundamente.
Estilos más humanos, menos centrados en sí mismos y en
medrar y subir a costa de lo que sea, facilitan el camino del liderazgo. Y esto
es compatible con estilos de dirección en los que sea precisa una dosis de
fortaleza y autoridad amplia. Un líder también tiene que ejercer su
autoridad, pero autoridad no es autoritarismo.
·
Capacitación y formación
El líder que
está al frente de un grupo ha de tener una buena capacitación, siempre de
acuerdo con el nivel de su cargo, las actividades que ha de desarrollar el
grupo y lo que su profesión o puesto de trabajo requiere. Pero esa capacitación
tiene que ser percibida por el grupo. Para sus miembros, el jefe- líder
siempre sabe más, tiene más recursos, pone, llegado el caso, la última
piedra. Y la formación ayuda mucho. Tanto la que forma parte del currículum
personal como la que se va adquiriendo día a día. El líder no se puede
quedar atrás, no puede anclarse en sus conocimientos. Si el grupo le sobrepasa
y se percata de este hecho, está perdido, salvo que tenga la habilidad
suficiente para navegar en esas aguas y hacer ver que cada uno debe de saber más
de aquello que le corresponde por su trabajo.
La capacitación
y formación no será la misma, lógicamente, para un gerente que para un
encargado o jefe de equipo de una sección de planta. En uno será más
intelectual y en otro más manual. Pero el gerente- líder de un empresa deberá
procurar saber todo lo posible de los trabajos manuales de sus subordinados.
Hasta cierto punto, por supuesto, pero le ayudará conocer y hasta haber
practicado las diversas tareas de su gente. Pero, debo aclarar, que esto no es
taxativo ni imposibilita un liderazgo. Simplemente ayuda.
En mis años de
trabajo en la multinacional sueca antes citada, me ayudó mucho el sistema
seguido en esa empresa de haber pasado, durante un tiempo, por todos los
puestos de la misma para conocer y practicar las diversas tareas y funciones.
Tanto manuales como
administrativas. De este modo, el personal sabía que sus jefes conocían bien
su trabajo, aunque ellos fueran más rápidos y seguros con esa máquina o con
esa operación.
·
Una cierta dosis de sicología
Un líder tiene
que ser un poco psicólogo. Tener el suficiente tacto para tratar a cada uno
según sus características personales. Motivar de distinta forma, según
requiera la personalidad de cada subordinado. Ser observador y ver más allá
de la fachada, del rostro de cada persona. Escuchar y conocer, si es posible,
situaciones y circunstancias personales y hasta familiares. No es fácil
compaginar el dinamismo y las exigencias de la vida de la empresa actual con
estas actitudes de atención al otro. Pero sin que suponga arriar en nada el
peso de la autoridad y la capacidad de mando, hay que tener los ojos abiertos
para la persona, ya que eso son cada uno de los empleados o trabajadores. Si se
quiere ser líder y no simplemente el jefe.
·
Optimismo
No es que el
gerente- líder o el jefe correspondiente tenga que ir con la sonrisa puesta y
rebosando alegría. La vida de la empresa no suele propiciar demasiado esas
actitudes. Entre el duro “día a día”, “el Gran Jefe” que se enfada y
hace que la cadena de mando apriete las clavijas, el cliente que no paga, la máquina
que se estropea o las veinticuatro horas del día que no llegan, el
que quiera ser líder tendrá que echarle algo, bastante, de optimismo.
Y que se note. Un jefe siempre enfadado, triste, alicaído, superado por las
circunstancias, asustado y que ve todos los días cargados de negros nubarrones
no puede ser nunca un líder. Lamento decirlo, pero hay que superarse y estar
por encima de dificultades y contradicciones.
·
Trabajador
Un líder no
puede ser un vago, el que menos trabaja en la empresa. El gerente, el directivo
o el mando intermedio tienen su campo de actuación en la empresa. Su papel y
su rol que jugar. Pero tienen que jugarlo a tope, como el que más. Que el
grupo sienta que está ahí, que tira del carro y que es útil y necesario.
Nada peor que el grupo vea en su
jefe a un inútil, al que siempre es el último en llegar y el primero en irse,
al que nunca aparece cuando hay dificultades, al que no da la cara en los
problemas, al que les deja solos o tirados en la estacada.
Un gerente líder
ha de pelear por el grupo en todos los frentes. Que tenga trabajo, que los
medios sean adecuados, que estén motivados. Tendrá que planificar bien,
distribuir adecuadamente la carga de trabajo, mover, a la par, los distintos
departamentos técnicos y administrativos. Poner su esfuerzo en dirigir y
gestionar la empresa que tiene entre manos. Y exigir, después, resultados.
·
El trabajo en equipo
En la esencia
de un líder tiene que estar el deseo y la creencia en el trabajo en equipo. Al
nivel que en cada caso sea posible, que no siempre lo será. Pero sí, casi
siempre. Con el grupo de colaboradores y subordinados ha de crear el equipo.
Después distribuir las funciones y trabajos adecuadamente. Formar la
estructura de mando y jerárquica. Y a dirigir la marcha de ese grupo. Exigir y
comprender, responsabilizar a cada cual de su parte. Creer en los demás y sus
posibilidades. Dejar cancha a la iniciativa personal. Delegar lo que sea
preciso, sin cicaterías ni excesivas desconfianzas. Y controlar y coordinar
todo eso. Ese es el papel del líder. Si lo hace, el grupo le aceptará y
percibirá su esfuerzo. Y le seguirá.
ALGUNOS
EJEMPLOS NEGATIVOS PARA EL LIDERAZGO
En mis años de
vida laboral anteriores a mi paso al mundo de la Consultoría, he tenido
diversos jefes. He de decir que pocos de ellos eran líderes en su grupo, fuese este la empresa en su conjunto, el departamento o la
sección correspondiente. Pero sí he vivido sus intentos, en ocasiones, por
serlo y sus maniobras o pasos equivocados. A continuación se exponen una serie
de circunstancias que llevan a perder posibilidades de ser un líder o impiden
claramente serlo. Se enumeran sin una sistemática, ni orden de prioridad
alguna. Son fruto de una mera reflexión en voz alta.
*
Pretender ser el mejor en todo
Querer
apoyarse, a toda costa, en saber más que nadie, en todas las materias y
cuestiones, incluidas todas las tareas manuales. Esto puede llegar al absurdo,
por ejemplo, de tratar de ser el mejor carretillero de los almacenes,
corriendo por los pasillos de estos, a bordo de una carretilla eléctrica,
tratando de impresionar al personal con la habilidad para manejar las
cargas o la rapidez de movimientos. O tratar de ser el más rápido y el
primero en subir al tejado del edificio por unas estrechas
y peligrosas escaleras exteriores,
para buscar el origen de un problema allá arriba. O dar lecciones al
mejor soldador de la empresa. Son simples ejemplos de estar fuera
del tiesto como suele decirse. Cada cual ha de
dominar lo suyo, pero no se exige al gerente- líder que sea el mejor en todo
de la empresa. Esto es, sencillamente, imposible. Sería un superman y esto sólo
existe en el cine.
·
Dar bandazos en las órdenes
Una de las
cosas que más deteriora la confianza del personal es la arbitrariedad o la
falta de criterio en las órdenes. Ser una persona que hace y deshace, que se
desdice, que tiene un criterio errático es síntoma de poco equilibrio
interior, inmadurez o inseguridad. En el peor de los supuestos, de obrar
haciendo diferencias entre unos y otros. Cualquiera de estos casos juega en
contra del aspirante a líder.
·
Buscar solamente el reconocimiento
de sus jefes superiores
Todos hemos
conocido una especie bastante abundante, tanto en las grandes pirámides
organizativas de las empresas como en las pequeñas estructuras de personal de
las Pymes. Es el jefe que trata, continuamente, de ganarse el favor de quien
tiene por arriba. Lo hace para medrar más o para permanecer en su cargo
actual. Sea como sea, suele apretar las tuercas a los suyos y ponerse todas las
medallas posibles. Comete un craso error de principiante: suponer que los demás
son tontos e ingenuos y que nadie se entera de su forma
de actuar. Lo increíble es que
esta especie abunde tanto y prolifere por doquier. En cuanto su estrategia es descubierta, no tienen nada que
hacer para ser ni de lejos líderes, por mucho que ejerzan su jefatura.
·
Traicionar a su gente
Este es un caso
de los más lamentables. Es el de aquellos que tratan de ganarse a su gente,
mandos intermedios y trabajadores, se ganan su confianza y hasta pueden tener
prestigio ante ellos. Pero, un buen día, les dan la espalda y los venden por
cualquier cosa: un puesto más alto, el reconocimiento de su superior,
sus intereses personales o lo que sea. Por un simple plato de lentejas. Y les
traicionan. Traicionan los intereses del grupo a su cargo en una u otra forma.
Se pone, entonces, de manifiesto que han abusado de la confianza en ellos
depositada, que no han sido leales con su gente, que han instrumentalizado su
amistad, su colaboración y su trabajo.
·
No defender los derechos de su
grupo, sólo exigir sus deberes
Otro caso es el
de aquellos jefes que jamás defienden los intereses de sus trabajadores.
Exigen el cumplimiento de todos los deberes, buscan la máxima intensidad en la
aportación en el trabajo de sus empleados y en entrega a la causa de la
empresa. Pero no apoyan las peticiones, deseos, necesidades o requerimientos de
estos. Tienen miedo a dar, ante sus superiores una imagen de blandos o de no
defender bien los intereses de la empresa. El tema puede llegar a ser sibilino
y el interesado creer que se juega su puesto si da la cara por su gente. No será,
entonces, nunca un líder. Y que conste, que esto no quiere decir que cada jefe
haya de aceptar por sistema todos
los deseos e intereses de su personal. Nos referimos a cuestiones razonables y
lógicas, aunque a veces puedan resultar molestas para un jefe.
·
Excesivos favoritismos entre su
gente
Volvemos a las
arbitrariedades, pero ahora de conducta, no de criterios. Hay jefes, todos los
hemos conocido, que hacen distinciones en el trato y en la consideración, en
la confianza y en la delegación, entre unos y otros de sus subordinados, sin
otro fundamento que sus simpatías personales o sus intenciones e intereses. Y
así cometen fuertes injusticias, a la vez que erosionan su prestigio en la
empresa. Este tipo de jefes actúa
así, en muchas ocasiones, para frenar el paso a los que valen o intuyen que
valen o para rodearse de aduladores o ineptos. Con frecuencia, es un recurso
del mediocre o del que no duerme pensando que cada mañana puede encontrar su
silla ocupada por otro. Un gerente o directivo que siga estas pautas de actuación
jamás logrará, por mucho que lo intente y busque apoyos de sus protegidos o
favorecidos, ser un líder.
·
No
considerar las iniciativas ni las sugerencias de sus colaboradores
Con mucha
frecuencia, los mandos intermedios y los trabajadores tienen ideas y plantean
iniciativas a sus jefes que pueden ser interesantes, al menos para
considerarlas. Dar cauce a esto es una forma de favorecer la participación y
la motivación del personal. En aquellos casos, en que el jefe desoiga por
completo iniciativas y sugerencias, por sistema o por desconsideración hacia
quien las hace, está minando esa participación y motivación. Y pierde la
oportunidad de favorecer sus posibilidades de liderazgo al despreciar esas
ayudas que le ofrecen sus colaboradores. Se entiende siempre, salvando el análisis
de la viabilidad y conveniencia de esas aportaciones del personal.
·
Ser brusco y agresivo en sus
maneras
Hay jefes que
conviven con un carácter y unas modos de comportamiento y de palabra bruscos y
desagradables. Parece que siempre viven en el enfado y el malhumor. Con
frecuencia son agresivos ante sus empleados e incluso ante sus colaboradores,
sean estos unos mandos intermedios o una secretaria. Estos defectos, siempre graves en una jefatura y en una
dirección de personas, es una rémora para llegar a ser líderes. El que no
supera o no quiere modificar sus hábitos y sus formas nunca contará con
madera de líder.
·
No querer saber nada de los
problemas personales de sus subordinados
Los empleados y
trabajadores de cualquier empresa son personas, seres humanos. No haría falta
mencionar esta simpleza. Pero existen jefes que quieren que su gente cumpla a
rajatabla, que trabaje, que produzca a cambio de su salario y de un puesto de
trabajo. Y punto. Nada más. No
les interesa lo que pueda ocurrir en la vida de cada uno de sus subordinados.
Es su problema. Y esto podría ser así, si se tratase de máquinas o seres
inanimados. Pero no es el caso. La gente tiene problemas en si mismos o en su
entorno familiar. Y los sufre. Y ha de convivir con ellos en su trabajo, por lo
general, en forma temporal. Estos
problemas piden, en muchas ocasiones tenerse en cuenta a lo hora de una
exigencia, de un trabajo o de una reunión en la empresa.
Un jefe sensato, que no ha de ser un consejero sentimental, familiar ni
médico, por supuesto, sí debería de tener en consideración esas cosas, mas
o menos graves, que de vez en cuando les suceden a la gente. No hacerlo es
perder posibilidades de liderazgo.
·
Ser falso y poco leal
Estos
comportamientos de poca lealtad y falsedad ante los subordinados, conllevan la
ventaja de que se ven enseguida. Esas actuaciones llevan una etiqueta puesta y
todo el mundo las ve y se percata de ellas. Sobra decir que matan por completo
toda posibilidad de ser líderes.
·
Ser blando de carácter
Ser pusilánime,
blando de carácter y de temple, es un mal material para hacer un líder. No
servirá para mandar, ni para dirigir o dar órdenes, ni para tomar decisiones
importantes. No dominará ni al
personal ni a las circunstancias. No vale para ser un líder quien sea o actúe
así.
·
No ir por delante cuando hace
falta
Es connatural a
un líder ir por delante de su grupo. Marcar
el paso y el rumbo. Tomar las decisiones y llevar a su gente a mantenerlo. Hay
jefes que se esconden en los momentos importantes o trascendentes. Que no se
atreven con las decisiones, incluso de la vida diaria de la empresa y menos con
las arriesgadas. Que dejan que otros las tomen y observan si el barco sigue
navegando. Vamos,
si las cosas se hacen y salen solas, sin su esfuerzo. Un gerente o
directivo al que su personal no vea que va
por delante no logrará nunca liderarlo, aunque siga mandando.
·
Puentear a sus mandos intermedios
Pésima
costumbre y muy mala forma de moverse por la empresa. He conocido este tipo de
jefes, que solían ampararse para justificarse, en que así conocían todo lo
que pasaba en su empresa en directo. Si bien es loable que un jefe no viva
encerrado en su despacho u oficina, sin salir al exterior ni enterarse de lo
que pasa, debe de evitar puentear a sus mandos sino quiere gozar de la
animaversión de estos. Ni de su desmotivación. Pocas cosas desaniman más a
un mando intermedio, que el que su jefe le salte y trate por sistema con sus
propios subordinados, ignorando su presencia y sus opiniones.
·
Llamar la atención en público
Otra cuestión
de alta desmotivación es este supuesto. La mala e incorregible costumbre de
llamar la atención a un empleado, incluso a un mando intermedio, en público.
Muchas de las manías o persecuciones de algunos jefes hacia empleados o
colaboradores que les resultan molestos, antipáticos o que les
caen mal derivan en esta dirección de la bronca
delante de otros. La peor situación es cuando ese jefe
va rodeado de la cohorte de sus aduladores que aprueban con su sonrisa o con su
gesto hierático la escena. Sea como sea estas actitudes matan de raíz la
posibilidad de un liderazgo real y auténtico, aunque se sea un
reyecillo o el mayor gran
jefe.
·
No tener prestigio personal o
profesional
He dejado para
el final una cuestión fundamental y de las más importantes: el prestigio
personal y profesional. Y quiero resaltar bien los dos campos. El prestigio
como persona y como profesional, que son diferentes. Tener y mantener una buena fama como persona humana, en todos
los ámbitos que esto comporta y gozar
de un bien ganado prestigio en la empresa como jefe y como trabajador, como
entendido y como gestor, como referente dentro de la empresa, es imprescindible
para ser un líder. No se concibe a un lider, de escasa talla personal, sin
prestigio entre su gente, sin nivel. Por este motivo, considero que tendrá una
importante vía de agua en su casco, para navegar hacia el liderazgo,
quien carezca de valores en su vida y en su conducta personal y
profesional. Y ese prestigio se gana con la dedicación y el esfuerzo y con la
conversión en positivo de todos los comportamientos negativos que hemos reseñado
en los puntos anteriores.
A MODO DE
CONCLUSIÓN
Volvería a la
cita del viejo, pero todavía actual, libro de Koontz y O´Donnell. Ser
administrador (gerente, director o jefe) no es sinónimo de líder. Son planos
distintos. Y esto hay que tenerlo claro siempre. Quien lleva la gerencia de una
empresa no debería nunca de pensar que el cargo, entre otras cosas y
prerrogativas, le convierte en líder de su gente, de la plantilla de personal
que está a su mando directo o indirecto.
Y podemos
recordar que si bien parte de lo dicho, en este trabajo divulgativo y de opinión
acerca del liderazgo, puede llevarse dentro, de forma innata y natural, hay
otras muchas cosas que requieren el esfuerzo de adquirirlas, de alcanzarlas. Y
el liderazgo se gana y se pierde por hechos y comportamientos en la vida misma
de la empresa. Y hasta de fuera de la empresa.
Y finalmente, añadir
que más que una cuestión de estudio, al igual que pasa con la facilidad de
palabra, la comunicación o la capacidad de gestión, por poner ejemplos, es un
asunto de vida, de ponerla en práctica, de ejercerla. El liderazgo se
conquista y se lucha por él, sin agobios ni tensiones, cada mañana de la vida
en la empresa.
Manuel Díaz
Aledo
Gerente y
Consultor de “Dyal
Quality”