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Sistemas de entrenamiento en la
empresa
12.06.06.
Uno
de los problemas clásicos en el mundo de
la empresa es el de la preparación y formación de su personal, para las
tareas que han de desarrollar en
sus puestos de trabajo. No se trata sólo de la formación. Ësta , en muchas
ocasiones, ya la tiene el empleado antes de entrar en la empresa, bien sea por
estudios cursados o por experiencia profesional en otra empresa. Se trata de su
conocimiento y de su adecuación para las tareas que ha de desarrollar.
Es
evidente que deberemos distinguir entre distintos niveles y clases de
trabajos:
- Trabajo en puestos de dirección
- Trabajo de mandos intermedios
- Trabajos de empleados en tareas administrativas
- Trabajos en tares comerciales
- Trabajos de empleados en tareas manuales
Esta
división podría irse desglosando en subniveles, hasta alcanzar un alto
grado de detalle y una casuísitica total. Pero ese no es el camino que
queremos seguir ahora.
Cuando
un empleado nuevo llega a una empresa o pasa, en empresas medianas y
grandes, de una sección o departamento a otro, se plantea cómo
afrontar su preparación. En muchas ocasiones, sencillamente, no se
hace nada. Se deja al nuevo empleado a su suerte o a sus propias
iniciativas. En otras, se le pone temporalmente al lado de su
antecesor en el puesto, del que se va, para que éste le informe
suficientemente. Y, en otros casos, se planifica un proceso de
entrenamiento.
Antes
de pasar a hablar de posibles sistemas de entrenamiento, no me resisto a
volcar mi propia experiencia personal en el mundo de la empresa, sobre
este asunto. Creo que nos resultará suficientemente ilustrativo para lo
que luego sigue.
Al
empezar mi carrera profesional, fui a parar a una de las mayores
empresas privadas del país, sino la mayor por el número de
empleados que tenía, en unas de sus oficinas en Madrid Era mi primer
empleo y un día, lleno de la mayor ilusión, me incorporaba a un
departamento técnico. Concretamente de lo que podríamos llamar de
ingeniería. Me recibió el jefe de la sección, me asignaron una mesa,
me dieron papel lápiz y una regla, así como un pequeño libro de la
compañía con normas de los cálculos
técnicos que allí se hacían… y a los pocos minutos me dejaron solo.
Durante dos o tres días no hice más que leer y releer el libro y matar las largas horas, en medio de una amplia oficina en la que estábamos unas cien personas. Me
aburrí hasta la exageración y miraba el reloj
para ver cuando se acaba el tormento. Nadie parecía ocuparse de
mí. Al cabo de varios días, me pusieron al lado de un compañero
veterano para que fuese con él a ver como hacia su trabajo, el cual se
desarrollaba, parte en la oficina y parte en la calle. Y, así, viendo
como hacía las cosas y con unas cuantas preguntas pasé
a estar en condiciones de que me asignaran mi proyecto técnico y
comencé, realmente, a trabajar. Me tuve que hacer a mi propio estilo,
absolutamente libre de toda norma, salvo los planteamientos básicos de
la forma de trabajar en esa compañía.
El
encaje con los compañeros fue al hilo de la proximidad de las mesas, de
la mayor o menor simpatía de unos y otros… y del café con churros de
las diez de la mañana o la cerveza y los boquerones de la una…
Más
adelante, cambié de empresa y pasé al mundo de los astilleros
en la costa norte de mi país. Otra gran compañía con miles de
trabajadores y en la frontera entre lo privado y lo estatal. Dejando al
margen los avatares personales, que no vienen al caso, fui elegido para
llevar la jefatura de un importante departamento, de índole técnica.
La plantilla de trabajadores del mismo era de varios cientos. A
mis espaldas llevaba, tan
solo, con muy pocos años de edad, mi carrera y un año escaso de
experiencia laboral. Me avalaban los test y las pruebas de selección
efectuadas.
Llegué
a mi nuevo puesto de trabajo, me presentaron al jefe al que debía de
sustituir, que se jubilaba al día siguiente. Y me dejaron, tras las
presentaciones, sólo con él. Es fácil imaginarse el contraste entre
mi afán por aprender un mundo de cosas en las 24 horas escasas que
faltaban para la marcha de aquel hombre y sus anhelos de dejarlo ya
todo, tras toda una vida en aquel puesto y empresa, y salir corriendo
hacia su retiro ansiado. Como proceso de entrenamiento, fue un auténtico
fracaso. Pero a nadie pareció importarle mucho en aquel mundo
variopinto de aquella empresa. Traté de sacar toda la información
posible, que pudiera ser útil en el futuro,
de aquel hombre. Pero apenas pude. Él se esforzaba en hacerme
desfilar sus recuerdos y la parte anecdótica de su trabajo. Yo quería
información de las obras que llevaba el departamento, de la forma de
trabajar, de la organización interna, del personal a nuestro cargo…
Las horas de aquel día se
esfumaron, se despidió fugazmente de mí y se fue a su casa… a
descansar.
No
tuve más remedio que organizarme a mi manera. Aprender los trabajos que
hacía mi gente. Las tareas técnicas y las administrativas, conocer los
mil formatos de papeles que por allí circulaban e inventarme otros
tantos necesarios. Conocer, sobre la marcha, a mis mandos intermedios y,
tras ellos, a cada uno de mis empleados. Obreros en el argot del mundo
empresarial. Al poco tiempo, aquello funcionaba perfectamente, pero
a mi estilo. Cuando me fui, mi sucesor lo debió de tener tan difícil
como lo tuve yo…
Logré
saltar, mediante un buen contrato, a una conocida fabricante
multinacional de uno de los sectores punteros de la tecnología,
entonces y ahora. Todo fue diferente. Era otra mentalidad y todo se
planificaba, lejos de la improvisación hispana. Por ese motivo, al
llegar a la empresa, me encontré con un complejo y completo plan de
entrenamiento de seis meses. Y, como mi puesto era para dirigir la
parte básica de aquella empresa, la producción, debía de conocer todo
lo que hacía cada uno de los obreros y empleados de la empresa.
Durante
seis meses representé todos los papeles posibles, pasando por todos los
puestos de trabajo de la empresa. Aprendí todas las tareas manuales, técnicas
y administrativas que allí se desarrollaban. Trabajé manejando todas
las herramientas, útiles y máquinas… Me enseñaban uno a uno y,
apoyado en mi capacidad de aprendizaje, iba captando todas las tares no
para ser el mejor en ella, sino para conocerla lo mejor posible. Leía
manuales de procedimientos técnicos y administrativos, económicos y
financieros. Rellenaba los mismos impresos que usaba el personal de cada
área o sección y me sometía a los mismos controles de calidad que
ellos.
Con
el paso de los meses, fui ascendiendo en el nivel de los puestos que
recorría, hasta llegar a los de dirección. Me enseñaron a ser
director…y a planificarlo todo.
Años
más tarde, pasé por alguna otra empresa, con métodos más limitados.
Presentación, explicaciones de unos y otros, lectura de expedientes e
informes y, sobre todo, mucha observación personal…
No
es preciso ampliar más la amplia casuística que viví en mis propias
carnes. He visto, después, en mis años de Consultor de empresas, mil
formas diferentes de afrontar los inicios en los puestos de trabajo. Y
como, consecuencia de esa
amplia experiencia, estoy en condiciones de resumir mis propias ideas al
respecto, en el marco de un trabajo limitado en su extensión, como es
éste.
Diez
puntos básicos
1.-
Hay que diferenciar. Un director o un Jefe de Departamento
requieren una atención, un
tiempo y un plan que no tiene nada que ver con el de un soldador, un peón
de almacén o un obrero especializado en una compleja máquina de
fabricación. Cada uno necesita lo específico para su caso.
2.-
Hay que planificar siempre la
incorporación y el entrenamiento del personal nuevo en su puesto
de trabajo, sea el que sea. Lo mejor es que esta planificación esté
escrita en un papel o en el ordenador o apoyada en gráficos y
diagramas.
3.-
El personal que llega nuevo a un puesto requiere una acogida. Ha
de ser recibido por alguien que le debe de explicar, con suficiente
detenimiento y paciencia, su papel, las peculiaridades, las características
y los condicionantes de su puesto de trabajo.
4.-
Con frecuencia y en muchos puestos será precisa una enseñanza técnica
y de manejo de útiles, herramientas y máquinas. Esto deberá
prepararse y contar con uno o varios monitores que tengan práctica en
enseñar los métodos y técnicas de trabajo de esa empresa en concreto.
5.-
Es muy conveniente, durante el primer día en la empresa o en el puesto
de trabajo, que alguien con conocimientos
y suficiente tacto explique las principales características
de la empresa y de sus actividades y de cómo se engarza el puesto
de trabajo de que se trate, en cada caso, con esa totalidad de la
empresa. Es lo que se suele denominar la contribución individual, de
cada puesto y de cada tarea, al logro colectivo del producto o servicio
que obtiene o desarrolla la empresa. Es hacerle conocer el barco en que
va a navegar, la tripulación
que le acompaña y el destino final.
6.-
Hay que evitar la soledad del primer o primeros días del
empleado nuevo. Y hay que intentar que los primeros mensajes que reciba,
no sean las lamentaciones, la maledicencias y las críticas ácidas y
mordaces de empleados
quemados o totalmente desmotivados.
7.-
En empresas medianas y grandes es muy conveniente la existencia de manuales
de procedimientos y de descripción de puestos de trabajo, tareas o métodos,
sencillos y didácticos, que permitan formarse una idea muy amplia de lo
que necesita ese nuevo empleado. Hay que huir de esos enormes manuales,
medidos al peso, de difícil y
aburrida lectura, que circulan con abundancia por muchas empresas.
8.-
No se puede mostrar al empleado nuevo un mundo idílico que no existe en
la realidad de esa empresa concreta. Hay que hablarle de realidades.
Otra cosa son los proyectos de mejora, en cuyo caso hay que explicarle a
donde se quiere llegar y en qué se quiere mejorar, así como la
contribución que se espera de él en ese cambio.
9.-
Dando por hecho de que se ha tratado de buscar para cada puesto la
persona que se considera idónea para el mismo, hay que dotarle de
los medios materiales y personales mínimamente necesarios, desde el
primer día. Es patética la imagen del empleado nuevo que deambula, sin
una mesa y una silla en que sentarse, durante el primer o primeros días,
porque no ha habido la suficiente previsión de sus jefes o la dirección.
10.-
A cada empleado le corresponde un plan de entrenamiento y cada plan es
para un puesto o tarea distinto. El entrenamiento ha de ser estudiado
para las necesidades de cada puesto de trabajo en concreto, aunque
puede haber una parte común para todos.
Lo
anterior se podría despiezar o desglosar en varios subpuntos y estos en
otros, hasta llegar al cuadro de detalle máximo. Pero no es preciso aquí
y ahora. Sí quiero señalar algunos errores de bulto, típicos, que se
dan con cierta frecuencia.
a)
Incorporación de empleados nuevos sin la más mínima
explicación acerca de la empresa, su organigrama, su organización,
sus métodos de trabajo, sus…
b)
Empleados sin puesto definido durante días o semanas.
Han sido contratados ante una necesidad sentida, ante un pensamiento pasajero, ante un plan poco elaborado o
ante un deseo del Gran Jefe poco explicado a sus colaboradores.
c)
Como ya dijimos antes, empleados sin despacho, sin
oficina, sin mesa y hasta sin papel y lápiz durante un tiempo
inicial.
d)
Empleados nuevos que han de tener contacto con clientes o
con personas externas a la
empresa, pero que no son presentados por nadie. Esto, aparte de
ponerles más complicadas las cosas a los nuevos, causa mal efecto a
esos clientes o terceros. Esto es especialmente
molesto para los clientes de determinadas empresas de servicios.
e)
No explicar suficientemente bien y con claridad los
deberes y obligaciones, así como sus condiciones de trabajo
a los nuevos empleados.
f)
Permitir que los empleados que se van o abandonan un puesto
de trabajo o un puesto de mando en una empresa, para dejar paso a otros,
lo dejen absolutamente limpio y vacío, llevándose o destruyendo
toda la información que debería ser necesaria o conveniente para
el que llega. Aparte de una muestra de insolidaridad, se suele crear un
perjuicio para la propia empresa.
g)
Fiar la información o el aprendizaje
a dar al nuevo a empleados demasiado ocupados, que no tienen tiempo ni
ganas, a quienes no tienen el nivel y los conocimientos adecuados o a
los que pueden considerar agredidas sus expectativas en la empresa por
la llegada del nuevo empleado.
h)
No motivar
suficientemente al empleado nuevo desde el primer día, dejando que
sus ideales de inicio se pudran y se diluyan en los primeros días.
i)
Presentar para la firma o aceptación condiciones
laborales y económicas distintas a las que previamente se habían
hablado antes de la contratación.
En
definitiva, se trata de evitar situaciones como las vividas por el autor
en determinados momentos de su extensa trayectoria laboral y
profesional, o de las que hemos descrito anteriormente. Cada día es más
evidente que un buen plan de entrenamiento, aparte de hacer más fluida
y agradable la entrada en la empresa, permite alcanzar los objetivos de
esa inserción en sus estructuras organizativas y operar más
favorablemente en la buena marcha del negocio empresarial de que se
trate.
En
todo Plan de Entrenamiento del personal será preciso, por tanto,
tener en cuenta y planificar, siempre de acuerdo con el puesto de que se
trate, las necesidades y las dimensiones y actividades de la empresa:
- su duración
- las fechas previstas
- donde y cuando
- personas que se ocupen de
dar información
- monitores que enseñen
tareas y funciones
- puesto de trabajo adecuado
- dotación del puesto en
mobiliario de oficina o técnico, informatización, material de
oficina, teléfono, etc
- ubicación física
- ubicación en el organigrama
de la empresa y los grados de dependencia
- funciones a desarrollar
- condiciones laborales y económicas
- fecha de incorporación
- manuales o instrucciones de
trabajo, en su caso, necesarias
- estancias o visitas a otras
secciones o departamentos
- presentación, en caso
necesario, a clientes y terceros
- presentación adecuada a
mandos intermedios y compañeros
Elaborado
por:
Manuel
Díaz Aledo
Consultor
de “DYAL QUALITY”
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