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¿Cómo dirigir mejor a los
empleados?
29.10.03. Todo
Gerente o Director de empresa debe procurar dirigir
con efectividad a sus empleados, de manera que esto repercuta
favorablemente en el trabajo de estos y, en consecuencia, en la buena
marcha general de la empresa. Y esto acabará por redundar en la marcha
económica que, al fin y al cabo, se apoya en el buen hacer diario de
todos y cada uno de esos empleados.
Pero
dirigir, sobre todo dirigir bien y con eficacia, no es tan sencillo.
Aunque a más de uno pueda parecer todo lo contrario. Tiene sus
exigencias. En las lineas que siguen, pretendemos esbozar unas pautas de
varios aspectos que tienen relevancia con ese buen dirigir o, más bien,
dirigir con efectividad.
Podríamos
centrar el tema en tres aspectos básicos, que no son los únicos, pero que son como tres teclas que hay que tocar bien:
·
La motivación
·
La comunicación
·
El liderazgo
No
es casualidad que en la actualidad haya en el mercado
editorial de materias empresariales, diversos libros y publicaciones
sobre todos estos temas. Tampoco lo es el que las Escuelas
de Negocios se afanen en organizar jornadas y seminarios sobre estos
aspectos clave citados.
Parece
como si el siglo XXI hubiese venido a descubrirla importancia de estos
factores por parte de quien debe dirigir a grupos de personas. Quienes
vivimos y conocemos el mundo de la empresa desde hace bastantes años ya
hemos pasado hace tiempo por esos puertos. Los empleados son personas y
no máquinas o robots. Y que una cosa son los estimulos económicos o de
promoción interna y otra la psicología de cada personaje.
Es
evidente que a quien esté acostumbrado o adaptado a dirigir sin tener
en cuenta, más o menos en forma absoluta, lo que requieren sus
empleados, sus aspectos personales y psicológicos lo que sigue les
parecerá superfluo, cuando no inútil. Al fin y al cabo el estilo
autoritario sin contemplaciones está bastante extendido. Y, además,
todo aquel que dirige pasa, más o menos, pronto por la tentación de
dirigir sin contar con nada ni con nadie, cansado cuando no harto de
“cuestiones personales”. Pero esto no justifica embarcarse en ese
estilo que, en la mayoría de los casos, no es el mejor.
¿Por
qué hablar de motivación de los
empleados? ¿No basta
con la motivación de tener un puesto de trabajo y ganar un sueldo todos
los meses?
En
nuestra opinión, compartida por muchos directivos y conocedores del
tema, hoy día no. Y esto,
pese a que tener un puesto de trabajo es actualmente un bien preciado.
Pero tener un puesto de trabajo y ganar un sueldo no garantiza en
absoluto un esfuerzo personal de justa contraprestación. Es decir, no
garantiza que el trabajador realice sus tareas con toda la eficacia y
rendimiento adecuado, que sea consciente de que va en el mismo barco que
sus jefes y compañeros y que ha de remar a tope. Que le empresa tiene
que ser rentable, muy rentable y competitiva, muy competitiva.
La motivación ha
de tener dos ramas de acción diferenciadas, pero que confluyen sobre
cada empleado:
·
Motivación económica
que, apoyándose en sueldos e incentivos, anime al trabajador a volcarse
en su tarea y en su rendimiento personal.
·
Motivaciones psicológicas
y personales que, apoyándose en la ilusión del proyecto común, en
la necesidad de mejorar en la calidad del trabajo, en la confianza que
se deposita en él y en sus aportaciones, en las posibilidades de
promoción personal (cuando esto sea factible) y motivación hacia la
necesidad de ser competitivos frente a la competencia.
La
comunicación, en sus diversas vertientes verticales y horizontales,
es otra cuestión nada baladí. Podríamos decir que es básica y
fundamental. Empresa sin comunicación es empresa, por lo general, sin
futuro. En un mundo cada día más competitivo y duro en los mercados,
aquel que no funcione como
un reloj, acabará por irse a pique más o menos pronto.
La
comunicación requiere canales abiertos en la relación profesional,
laboral y personal entre jefes y mandos intermedios, entre estos y sus
subordinados. Canales que no esten obturados en ningún punto.Requiere
que esa comunicación sea de doble dirección, de arriba
a abajo para transmitir órdenes, criterios, obligaciones, apoyos,
consejos, información. Pero, también, de abajo
a arriba para informar, preguntar, aportar ideas y soluciones.
Una
empresa moderna ha de apoyarse en una circulación muy fluida de
información real y veraz, creible y asumible. El trabajador no
debe ir en la oscuridad total sobre la marcha de la empresa, su lucha en
el sector y en los mercados, sobre los objetivos que ha de conseguir. Y
la dirección, por su parte, no puede caminar de espaldas a las
realidades de su empresa, desinformada o con información incompleta o
poco precisa.
Y
finalmente, el liderazgo.
Este es quizás el tema de moda, el que se está llevando más
a los foros de formación empresarial actualmente. ¿Cómo ser líderes
en la propia empresa? Todo el mundo asume que un lider arrastra y, por
tanto, un director lider se llevará detrás a su gente en pos de los
objetivos que persiga.
Pero
¿cómo alcanzar el liderazgo? Y esto, así, en términos absolutos es
muy dificil. Otra cosa, es aproximarse más
o menos a ese liderazgo y conseguir, de ese modo, parte de los
beneficios de esa situación.
El liderazgo tendrá
como consecuencia el atraer o arrastrar a los empleados a cumplir
mejor, con responsabilidad y confianza, sus tareas y trabajos.
Pondrán encima de la mesa intensidad en la ejecución del trabajo, toda
su experiencia y sus habilidades. El lider, no predica desde la sombra.
Se pone al frente, de forma que se le vea, anima, motiva, empuja, apoya
y así tira del grupo en pos de las metas de la organización.
Pero
el lider, para serlo, ha de ser creible,
auténtico. No postizo. Lo ficticio se nota y al percibirlo los
empleados así, impide los efectos positivos.
El liderazgo tiene
mucho que ver con las habilidades para motivar y para inspirar
confianza. El lider predica con el ejemplo y cree en lo que dice. Y por
eso, actúa en consecuencia. Es consecuente en sus actos y en sus
palabras. El lider es, a la vez, exigente
y comprensivo. Exige a sus empleados que cumplan con su deberes y
obligaciones, pero comprende sus circunstancias personales y sus
características psicológicas.
El
lider marca lineas claras y coherentes de acción, no zigzaguea
continuamente. Confia en sus empleados, pero vigila que cumplan. El
lider de primera, el aúténtico, va siempre por delante y no se aparta
ni se esconde.
Si
los tiempos son duros, está ahí para animar y para trabajar. Si los
tiempos son buenos, sigue para que no decaiga el esfuerzo.
El
lider no cae en los favoritismos ni en las componendas del personal. No
se rodea de aduladores emboscados ni de torpes sin futuro. A estos los
aparta y busca a los mejores de entre su gente. Pero para eso ha de
conocerlos bien y tener buena información, nada desvirtuada. Casi nada
la tarea a emprender.
Pero
solo aquellos que sepan conjugar bien la motivación del personal, la
comunicación con y de su personal y vayan en pos de cotas de liderazgo
triunfarán, sacarán la nave de su empresa de todas las
tormentas, crecerán y serán competitivos. No creo en el éxito en la
batalla de la competitividad sin la lucha en esos frentes que hemos
esbozado. “El palo y tentetieso” sin más contemplaciones hace
tiempo que demostró su ineficacia para el triunfo y el crecimiento de
la empresa moderna. Y hace tiempo que los directores y directivos de ese
estilo están en retirada y con poca demanda.
En
sucesivos trabajos iremos ahondando más en estos conceptos
fundamentales para un Gerente o Director moderno.
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