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¿Cuándo y por qué contratar
un asesor contable?
02.09.03. En
alguna ocasión, a lo largo de la vida profesional del auditor o el
asesor de empresas, hemos oído de boca de algún gerente o empresario
cosas tales como “la contabilidad son habas contadas”, “en mi empresa la llevamos con
la gorra” o “con el Plan de Contabilidad en la mano, no hace falta
ser muy listo para contabilizar”. Y cosas similares. Todas ellas
en la línea de que la contabilidad ni es una ciencia, ni necesita
excesiva ciencia.
En
muchas ocasiones, las tareas contables de la empresa no
están al mismo nivel de profesionalización que el resto de las
actividades de aquella. Ni lo están a nivel de la importancia que se le
concede a cada cosa, ni en la preocupación diaria, ni en la formación
y cualificación de las personas que llevan la contabilidad.
Todo
esto, sin perder de vista
el avance importante que las tareas contables han experimentado en los últimos
años, la mejor formación de los contables y el uso de programas de
contabilidad cada vez más completos y de fácil utilización. En
especial este último factor, ha supuesto una mejora ostensible. Pero,
pese a esto, sigue existiendo una creencia bastante general de que la
contabilidad la lleva cualquiera y que no se precisa un personal
altamente cualificado. Y también, constatamos los auditores de cuentas
que el nivel medio del estado de
las contabilidades, especialmente en las Pymes, es bastante
deficiente. Salvo honrosas excepciones.
La contabilidad
general de cualquier empresa o negocio es pieza importante del registro
y control de todas las operaciones que realiza. Esto no admite dudas. Es
necesario vender, fabricar, comprar y hacer clientes. Es vital para la
vida de la empresa. Pero, también lo es el registrar y contabilizar
todas y cada una de las operaciones de cobro, pagos, ventas, compras,
gastos, ingresos, etc. Esto permite, aparte de cumplir con las leyes
existentes, el control económico y
financiero de toda la empresa. De que nos vale todo lo demás
sino llevamos un control exhaustivo, hasta la última peseta.
Las
tareas contables requieren su técnica,
sus criterios, su plan contable. Requieren hacer estimaciones y
previsiones, acoplar cada gasto y cada ingreso, cada partida a
contabilizar a una cuenta adecuada, según su naturaleza. Y no vale
todo, ni cualquier cosa. Las empresas que se auditan lo saben bien. Los
auditores han propuesto, sugerido o presentado a las empresas montañas
de ajustes contables. Cuestiones mal contabilizadas que es preciso
modificar. Cuestiones que afectan a los balances y a las cuentas de
resultados. Hay empresas que viven
en el error o en la ignorancia de su propia realidad y situación
económico- financiera, y por supuesto contable.
En consecuencia, ha
de darse a esta cuestión toda la importancia que se merece y que
requiere. Muchas empresas contratan a
buenos profesionales de la contabilidad para sus departamentos
administrativos. Otras muchas recurren a profesionales
externos que les asesoran, en base a una supervisión contable y
fiscal, e incluso a quienes le elaboran externamente su contabilidad.
Desde
estas páginas animamos a empresarios y gerentes de empresa a acudir a
esos profesionales para que, desde dentro o fuera de la empresa, se
ocupen de la contabilidad y su entorno económico- financiero. Es un
buen consejo.
A
continuación exponemos alguna razones que fundamentan nuestros
comentarios de líneas anteriores, sobre lo que pueden aportar los asesores
contables externos a la empresa.
1º.- El asesor o consultor contable, si está elegido
adecuadamente y no es un “aficionado”, cuenta con la preparación
académica y profesional que le permite dominar todos los frentes de
la contabilidad. Y, aunque
muchas cuestiones son fáciles o rutinarias existen otras muchas de gran
dificultad y complejidad en el mundo de la contabilidad.
2º.- Esa formación se une, generalmente, a la experiencia. El llevar o supervisar contabilidades de diversas
empresas le da al asesor un abanico de conocimientos y situaciones
vividas que le permite afrontar mejor lo que se puede encontrar en su
empresa.
3º.- El asesor puede enseñar
e ir formando a su “gente” de contabilidad o administración. El
trato continuado, del día a día, va haciendo que transmita
conocimientos y formas de hacer las cosas a los suyos. Y estos irán
aprendiendo. Y sobre todo eliminando o dejando de hacer las grandes y
pequeñas “barbaries” contables que tantas veces se pueden ver en
muchas empresas.
4º.-
El asesor contable le podrá dar periódicamente,
u obtener en el sistema contable de su empresa, una información acerca de la marcha
económico financiera de su negocio lo suficientemente amplia y
elaborada, que le permita saber mejor como va su empresa. En
base a balances, ratios, gráficos o cuentas de resultados más o
menos desarrolladas puede poner en sus manos la situación de sus
cuentas. Esto le permitirá tomar sus decisiones de gestión de su
empresa con más información.
5º.- Elija como asesor contable un
profesional o una firma de profesionales debidamente preparados y
formados. Titulados tales como economistas y titulares mercantiles
otorgan normalmente una garantía de formación. Esta se debe completar
con la experiencia suficiente para preparar sus cuentas y extraer la
debida información de las mismas.
6º.-
Un asesor contable puede prepararle, si no dispone de ello, de
las debidas herramientas contables y de
control económico, tales como un buen control de gestión de la
tesorería, inventarios de existencias o de inmovilizados, fichas de cálculos
de las dotaciones a la amortización del inmovilizado, fichas de control
de impuestos diferidos en operaciones de leasing, etc.
7º.- Subiendo unos pasos más arriba, un buen asesor
contable le puede ayudar a establecer un sistema
de control de costes en su empresa. Esto que parece tan simple, no
lo es tanto. Son muchas las empresas que no lo tienen o disponen de
sistemas muy limitados y parciales. Conocer los costes de su empresa,
directos e indirectos, generales o de estructura, por productos o por
secciones, u otros diversos, es un paso fundamental para dirigir bien
una empresa y llevar un negocio.
8º.- Es una buena práctica combinar en la misma persona el asesor
contable y el asesor fiscal. Ambas cuestiones van muy de la mano y
se complementan. La mayoría de las empresas ya lo hacen así.
9º.- No crea que por tener un buen
programa de contabilidad, estándar o hecho a medida, del que los
informáticos le han hablado maravillas, ya lo tiene todo. Ni mucho
menos. El programa es una herramienta que requiere un buen
“maquinista”, alguien que sepa que tiene que hacer. En lenguaje
contable, los asientos no solo hay que introducirlos sino saber como son
esos asientos. Aunque muchos son rutinarios, otros y muy importantes a
veces, hay que saber hacerlos y ver qué cuentas intervienen y en qué
cuantías. Desconfíe de los programas y de los informáticos que dicen “que
para usar su software no hace falta saber contabilidad”. No es
cierto.
10º.-
Como en tantas otras actividades de los profesionales, regatear o
escatimar honorarios no es
buena medida. Un asesor
contable, máxime si es de un buen nivel, precisa ser debidamente
remunerado. Según la función o alcance de su trabajo contratada, puede
llegar a requerir muchas horas de trabajo. Y estas tienen un precio. A
precios de saldo, como en todo, no hallará buenos profesionales.
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