23.01.07.
Un
tema clave en la gestión económica de empresas y negocios es el papel
que en sus costes y en la cuenta de resultados juegan sus gastos
generales. Asunto, éste, serio e importante, a la par que descuidado
con mayor frecuencia de la que pueda parecer. En las líneas que siguen
voy a acudir a mi larga experiencia como consultor, asesor y auditor de
cuentas en el mundo de la empresa. Y mantengo, con toda la rotundidad,
que este tema de los gastos generales y los costes indirectos está
sumido en las nieblas del desconocimiento y de la desatención en muchas
ocasiones.
¿Qué son gastos generales?
Debemos
de partir del hecho de que existe una gran
confusión terminológica y falta de
sistematización sobre los diversos apartados de los costes de una empresa.
No todos entienden lo mismo por idénticos términos. Hay mucha literatura
vertida durante muchos años sobre todo esto. Así que debemos definir bien de
que hablamos, para poder entendernos. Y, además, el concepto de gastos
generales se superpone con el de costes indirectos, hasta el punto de que
resulta ya difícil la distinción entre ambos.
Se podría considerar
que son gastos generales a los que entran en un gran cajón de sastre, una vez
excluidos, en forma muy resumida, los costes de las compras de materias primas
y mercancías necesarias en mayor o menor medida para la fabricación o
actividad de la empresa, los
costes de personal, los impuestos y los gastos financieros. Al hablar de gastos
generales, se tiende a pensar en los que quedan una vez que se dejan aparte
todos los necesarios para llevar directamente la actividad de la empresa, sea
ésta fabricante, comercial o de servicios. Y eso nos acaba conduciendo a los
costes indirectos. Vemos, pues, que hablar de gastos generales es menos claro
que hablar de gastos o costes indirectos.
En ocasiones, se consideran gastos generales a los que son comunes a diversas áreas organizativas de la empresa. Tampoco
parece éste un criterio claro para su correcto tratamiento.
Cuando
se piensa en gastos generales se están considerando los
que se suman al gasto en materias primas y mano de obra. Esto engloba rúbricas
tan dispares como sueldos de la estructura de mando y dirección, departamentos
administrativos, servicios de mantenimiento y conservación, personal y gastos
de almacenamiento y muchos más. Pero no continuamos por ese camino ya que,
como veremos a continuación, una sistematización más profunda y práctica
nos lleva a diferenciar bien lo que es gasto y lo que es coste, que son
cuestiones dispares.
Diferencias entre gasto, coste, inversión y pago
Los
economistas sabemos ya, desde nuestros años de estudiantes de contabilidad,
que esos cuatro conceptos son diferentes. Solamente comprendiendo bien esa
distinción entre ellos, podremos profundizar en el tema que nos ocupa en este
trabajo. Nos apoyamos en un clásico de la literatura contable española: el
libro de Teoría económica de la
Contabilidad del Prof, José María Fernández Pirla.
Señala
Fernández Pirla, siguiendo al profesor Pedersen, que los costes son el consumo
valorado en dinero de bienes y
servicios para la producción que constituye el objetivo de la empresa. Extendemos,
nosotros, esa definición al ámbito de las actividades comerciales y de
servicios, para las que es válida también. Pero los costes, sigue señalando
Fernández Pirla, no son una magnitud inequívocamente determinada. Con
frecuencia, tenemos dificultades claras para su evaluación y debemos de acudir
a estimaciones para su valoración. El coste se mueve en el ámbito interno de la empresa, de
puertas adentro podríamos decir. El coste es un elemento de la valoración
de los distintos componentes que intervienen en la actividad de la empresa.
El
término gasto, que se contrapone al
de ingreso, es de ámbito externo. Se puede considerar como una contrapartida
de los pagos que hace la empresa. Los gastos se pagan de una u otra forma. Es
obvio, de acuerdo con esto que hay costes que conllevan un gasto y otros no,
pero siempre que consideremos gasto en este sentido. Los costes de mano de obra
llevan consigo el gasto y su correspondiente pago. Las dotaciones a la
amortización del Inmovilizado o las provisiones por impago de clientes, por
citar dos ejemplos, no conllevan su gasto y su pago. Solamente, cuando los
gastos representan consumos, en sentido amplio, en los procesos de la actividad
de la empresa, estaremos ante gastos que son costes.
La
diferencia entre ambos, costes y gastos, se hace mayor cuando se habla de
gastos en adquisición de bienes inmuebles, maquinaria, vehículos y demás
elementos del Inmovilizado Material, Inmaterial y Financiero. Estamos, entonces, ante los llamados gastos
de inversión o inversiones, a secas. Así que, en el argot contable y económico,
se diferencian los gastos de las
inversiones. Los primeros serían los que corresponden a consumos para los
procesos y las inversiones, aquellas que se dirigen a la adquisición de las
infraestructuras empresariales o bienes del Inmovilizado, con vida duradera en
el tiempo. Las inversiones se convierten en costes, en la medida
que se aplican las dotaciones a la amortización de aquellas a lo largo
de la vida útil de los bienes.
Nos
quedarían los términos ingresos y
pagos que, por lo general, se consideran en el campo de los movimientos de
tesorería. Ingresos se equipara a entradas de fondos y pagos a las salidas de
los mismos. Se sitúan, en consecuencia, en otros planos distintos a los de la
asignación económica de los costes, gastos e inversiones. Los ingresos y los
pagos están en el plano de los movimientos de dinero y
otras formas de tesorería.
Por
tanto, volviendo al fondo del trabajo que ahora nos ocupa, debemos de
centrarnos en los costes, como elementos clave de evaluación de la actividad
empresarial y de sus ciclos productivos, económicos y financieros.
Los costes indirectos
Abandonando
el confuso concepto de los gastos generales, vamos a centrarnos en los costes
indirectos. Estos son, obviamente, aquellos que no son directos. Y se suele
denominar directos a los costes de
materiales y materias primas y al de la mano de obra (directa). Es decir, se
hace una distinción entre lo que participa de forma inmediata y directa en lo
que constituye la actividad de la empresa y el resto. Si la empresa está
funcionando, es decir desarrollando una actividad, se producen costes directos.
Si, existiendo la empresa, está parada
y sin actividad, no existen costes directos, pero sí indirectos. Esto se debe
a que los indirectos están vinculados a la estructura de la empresa y se
producen, en mayor o menor cuantía, desde el momento en el que existe la
empresa y tiene un Inmovilizado y alguna estructura de personal.
La
distinción entre directo e indirecto
no siempre es tan clara. Lo directo suele ser medible y lo indirecto, en muchas
ocasiones, no lo es. El trabajo directo es el que realiza la producción,
comercialización o prestación de servicios. Pero, generalmente, requiere la
existencia de unos costes en instalaciones o infraestructuras empresariales, de
una dirección y administración y de una red comercial. Es decir, de unos
costes indirectos.
En
muchas ocasiones se oye decir que los costes indirectos son los costes
improductivos y que, por eso, hay que disminuirlos al máximo.
Esto es absolutamente incorrecto y fruto de modos de hablar y de pensar
del mundo de la producción. Para un departamento de producción el énfasis
suele ponerse en las materias primas y materiales
que consumen y en el personal necesario. También, por pura necesidad, en las máquinas
e instalaciones con que cuenta, en su adecuación a los procesos y en su
mantenimiento. Todo lo demás, no cuenta. ¡Es improductivo!, dicen. ¡Es un
lastre que llevan a cuestas y soportan! Así, en muchas ocasiones, la fuente
productora de los indirectos se pretende limitar sin más consideraciones.
Pero,
el trabajo de un jefe de taller o de un encargado de producción o de
almacenes, ¿es productivo o improductivo? Podríamos decir nosotros, ¿son
necesarios o no? ¿se puede prescindir de ellos o no? Ésta es la cuestión.
Lo que es prescindible, no es necesario y, si no es necesario, prescíndase
de ese coste. Pero, si no se puede prescindir del jefe de taller o el encargado
de producción o de almacenes, estaremos ante un coste indirecto necesario para
el proceso. Luego, productivo al fin y al cabo, ya que sin ese coste no habría
actividad. Por tanto, el debate de lo productivo o improductivo no conduce a
nada y sería ofensivo para el bueno
del jefe de taller o el encargado que estamos considerando. Y, de igual manera,
sucedería con el Gerente o Director de la empresa, el Director Administrativo,
el peón de almacén o la señorita o el señor que atiende el teléfono o
trabaja en tareas de secretaria o administrativas, por poner unos pocos
ejemplos.
Y
¿Qué pasa con la luz de los pasillos y oficinas, el agua de los servicios,
los gastos en teléfonos y móviles, el combustible de los vehículos, los
seguros de responsabilidad civil o de inmuebles o los gastos en formación del
personal, por seguir dejando caer
un goteo de conceptos de gasto? Lo mismo, si están bien aquilatados en su
dimensión, son costes indirectos necesarios para los procesos.
En
lo referente al personal, suele
considerarse indirectos, generadores de costes indirectos por tanto, a:
- personal de dirección y jefes
- mandos intermedios
- personal de almacenes y transportes
- personal de administración y
RRHH
- personal de mantenimiento y limpieza
- personal subalterno
- personal de control de calidad
- personal de métodos y sistemas
- personal informático
- etc.
Y
son costes indirectos, una larga
serie de gastos, incluidos en los diferentes epígrafes del PGC, que no
constituyen gastos en materias primas, mercancías y otros consumos, ni mano de
obra directa. A continuación,
hacemos una breve enumeración de
gastos o grupos de gastos más comunes que constituyen, generalmente, costes
indirectos:
ü
Salarios de personal indirecto de las diversas secciones
antes mencionadas
ü
Otros gastos de ese mismo personal
ü
Gastos sociales
de ese mismo personal
ü
Tributos y tasas diversas
ü
Gastos de investigación, desarrollo e innovación
ü
Alquileres o arrendamientos de inmuebles (locales, naves,
oficinas)
ü
Cuotas de renting
ü
Gastos de mantenimiento, reparación
y conservación
ü
Gastos de limpieza
ü
Pequeño utillaje y herramientas
ü
Consumos de electricidad (excepto consumos para producción)
ü
Consumos de combustible para calefacción
ü
Consumos de agua
ü
Honorarios de asesorías, auditorías y otros profesionales
ü
Primas de seguros
ü
Portes y gastos de transporte
ü
Gastos en comunicaciones
ü
Gastos de viaje, desplazamiento, manutención y estancias
del personal en otras localidades
(excepto los que se puedan asignar como costes directos)
ü
Gastos de publicidad y relaciones públicas
ü
Gastos en material de oficina
ü
Gastos de correos y mensajería
ü
Cuotas de publicaciones profesionales o empresariales
ü
Cuotas de Asociaciones y Colegios Profesionales
ü
Gastos financieros
ü
Dotación amortización del Inmovilizado
Citamos,
de pasada ya que no constituye materia del trabajo que estamos exponiendo, que
los costes indirectos se incorporan a los procesos
de estimación, determinación o cálculo de los costes totales de una
empresa, mediante el mecanismo de su asignación o reparto entre las distintas
áreas funcionales de la empresa o a los productos o familias de productos
fabricados o comercializados o de servicios prestados por ella, de acuerdo con
los criterios de imputación que se establezcan.
El control de los costes indirectos
Con
frecuencia en nuestra vida profesional, recorriendo multitud de empresas y
negocios, nos hemos encontrado con cuestiones como las siguientes:
- Exclusión de todo tipo de
control y medida de los costes indirectos.
- Por contraste con lo
anterior, conocimiento bueno o muy bueno de los costes directos (materiales
y mano de obra), así como un adecuado control de los mismos.
- Falta de atención a los
costes indirectos.
- No darles importancia o
renunciar a su control.
- Desconocimiento de cómo
llevar un control de los costes
indirectos
- No tenerlos en cuenta para
el cálculo de los costes y la determinación de los precios de productos y
servicios.
- Considerar unos costes
indirectos, pero ignorar otros.
- Funcionar con precios
incorrectos o que no cubren la totalidad de los costes, directos más indirectos.
- Falta, en definitiva, de
unos criterios orientadores básicos de los costes y su medida.
Los
costes indirectos, que pueden variar mucho de unos sectores de actividad a
otros, no pueden dejarse nunca de lado. Hay que tenerlos en cuenta. Y hay que
conocerlos o tratar de conocerlos. La contabilidad general de la empresa tiene,
entre otras muchas ventajas, la de que registra todos los gastos y pagos de la
empresa y, si es llevada correctamente, gran parte o todos sus costes. Y lo
hace, minuciosamente, justificante a justificante o lo que es lo mismo, gasto a
gasto, pago a pago. Por eso, a través de una buena información contable, se
puede tener un buen conocimiento
de los costes indirectos.
Para
su control, es bueno hacer cuadros con
un cierto desglose según su diferente naturaleza e ir llevando, a los
mismos, mes a mes las diferentes cifras facilitadas por la contabilidad o fruto
de estimaciones apoyadas en ella. Es, igualmente, deseable hacer presupuestos
anuales de esos gastos indirectos, más o menos agrupados. Con estos
presupuestos se puede, inicialmente, racionalizar los mismos, adecuándolos a
las necesidades teóricas o previsiones. Y, después, periódicamente,
confrontar estas previsiones con la realidad. Y analizar las diferencias
importantes o desviaciones. Esta es una forma de llevar el control de toda esa
lista de gastos indirectos y la experiencia de cada año, nos servirá para
aquilatar más las previsiones para el ejercicio siguiente.
¿Por qué controlar los costes indirectos?
Nosotros ya controlamos, muy bien, los costes
directos, los importantes, lo otro ya… Ésta es una frase que hemos
escuchado en diversas ocasiones. Pero que, con frecuencia,
encubre un gran peligro. En muchas ocasiones, los costes indirectos
alcanzan un valor económico elevado y son, porcentualmente, importantes en el
total de los costes de la empresa. Dejarlos de lado, campando a sus anchas,
puede deteriorar mucho las cuentas de resultados. Y, además, ¿de qué vale
controlar hasta el último gramo de mercancías y materiales o el trabajo del
personal obrero al segundo, si después queda libre de control todo lo demás?
Los indirectos se pueden comer los márgenes empresariales y triturarlos.
Pueden hacer pasar los costes de explotación a números rojos y muy rojos sin
apenas enterarnos. Exageramos algo esta nota, pero es para poner énfasis en la
necesidad de su control.
Y
aquí hay que evitar otro tipo de conducta de la dirección o de los mandos.
Nos referimos al control que, en ocasiones, se hace de pequeñas partidas de
costes indirectos. Así, a veces, los folios de papel, los bolígrafos o los
vasos de agua de plástico son vigilados, seguidos y guardados con el mayor de
los rigores. Y nada más. Es fácil comprender que esto es el chocolate del loro. Todo hay que controlarlo, pero con sentido común.
Todo influye en alguna medida, hasta esa luz del pasillo encendida todo el día,
quizás innecesariamente. Pero hay que hacer un plan global de control que
abarque todo el espectro de los costes indirectos.
En
definitiva, que hay que extremar el cuidado sobre estos costes y seguirlos
minuciosamente, dada la tendencia, muy extendida, de que se escapen de control
y se expandan en todas direcciones. Y es buena medida, responsabilizar a quien está al frente de cada departamento, área
o sección de la empresa, de los que corresponden a su esfera de
responsabilidad y mando. ¡Que cada uno cuide de sus indirectos!. Así resultará
más fácil el control global de la
totalidad en la empresa. Y lo agradecerá su cuenta de resultados al final del
ejercicio.
Manuel Díaz Aledo
Economista, Auditor y Consultor de
Empresas