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El Gerente
11.12.03. En
todas las empresas existe una organización
establecida que engloba a todo el personal de la misma, lo que se
conoce como Recursos Humanos o RRHH. Esta organización puede estar
formalmente definida o informalmente establecida. Pero siempre existe.
Es impensable una empresa sin una estructuración de su personal de
acuerdo con las funciones que realizan en ella.
Tenemos,
por tanto, personas que pertenecen a la empresa y que trabajan en ella.
Estas son sujeto de un sistema, más o menos complejo, de relaciones
sociales y profesionales. Relaciones jerárquicas,
relaciones de actividad o
meramente profesionales, relaciones con el exterior.
Podríamos resumir diciendo que existen unas relaciones verticales y
otras horizontales. Las verticales serían las jerárquicas e incorporan
relaciones de mando. Las
horizontales serían relaciones derivadas del trabajo de cada empleado
que les hace entrar en contacto con otros empleados de su nivel o de
otro diferente.
Pues
bien, todo ese conjunto puede plasmarse en un documento gráfico
denominado ORGANIGRAMA. Un organigrama es un diseño o dibujo, más o menos
estandarizado por el uso a través de muchos años y muy generalizado en
la empresa, en el que se plasman los diferentes niveles y áreas de la
organización de la empresa. Se indican o deducen de él las distintas
relaciones de que antes tratábamos.
¿Y
que tiene que ver con esto el gerente? La figura del GERENTE,
que puede recibir otros nombres tales como Director, Director Gerente o
Director General, es la que está en la cúspide de un organigrama. Con
excepción de aquellos que indique también el Consejo de Administración
o el Consejero Delegado, en cuyo caso el Gerente suele depender de estos
órganos de Administración de las Sociedades.
Por
tanto, el Gerente es el Gran Ejecutivo, el ejecutivo que, estando por
encima de toda la empresa, manda y está al frente de la gestión de la
empresa. El Gerente, con independencia de las otras personas que le
ayuden en sus tareas o en quien tenga delegadas determinadas funciones,
es el que dirige la empresa.
Existen
empresas en las que, por su dimensión pequeña y organización
sencilla, el Gerente es el único ejecutivo. Tras él está el resto del
personal. No existen otros DIRECTIVOS.
Está solo en la gestión. En estos casos su campo de actuación es muy
amplio y abarca diversas funciones. Pero en muchas empresas, medianas y
grandes, el Gerente se rodea de otros profesionales en los que descarga
parte de la función directiva. Se establece así, con independencia del
tipo de mando y personalidad del Gerente, el equipo directivo, el equipo de gestión. El Gerente se
apoya en el trabajo, la actuación y hasta el consejo y opinión de
estos profesionales.
Este
último sería el caso en el que existen figuras directivas tales como
Jefe o Director Administrativo, Financiero, de Personal o RRHH, de
Producción, Comercial o de Ventas, de Logística, de Compras, de
Marketing u otros. Estos pueden existir o no en el organigrama de la
empresa y ocupar el mismo o diferentes niveles
en el mismo.
Y
en los organigramas, junto a los cargos o puestos, suele indicarse el
nombre de la persona que está al frente y ocupa dichos puestos. De la
lectura del organigrama se puede sacar con claridad la estructura
organizativa de la empresa, de sus relaciones y su jerarquización.
La
figura del Gerente siempre plantea un viejo
dilema en las empresas: ¿la autoridad debe concentrarse o
dispersarse en la organización? ¿Es mejor concentrar o descentralizar?
Esto
puede resolverse por la vía de organigrama y delimitación
de funciones y responsabilidades
o se deja en manos de la personalidad
y características de cada Gerente. Ambos caminos se han seguido
tradicionalmente en las empresas. El primero tiene la ventaja de dejar
claramente delimitados los campos de actuación de cada cual y cual es
la función del Gerente, aparte del mando y la coordinación de toda la
empresa. Pero se puede venir por tierra ante un Gerente muy poco amigo
de delegar, que desea controlarlo todo y a todos y que acostumbra a
puentear a sus directivos y mandos.
Por
el contrario, el sistema de que sea el Gerente quien escoja a su gente y
les dé las funciones y responsabilidades, pone en manos de estos y
su mayor o menor bagaje de competencia, formación, experiencia y
personalidad el llegar a un sistema centralizado o descentralizado, de
equipo o de autoridad única, de “ordeno y mando” o de contar con
los demás. Por lo general, con este sistema la empresa va al aire que
le marca su Gerente, para bien o para mal, con todas sus consecuencias.
Como
indicábamos antes, cual sea la mejor solución es un debate
inconcluso en la historia de la empresa, pero quizás haya habido más
éxitos en aquellas empresas en que existe delegación de funciones,
trabajo en equipo, clima de colaboración, participación de todos según
su puesto y posibilidades... Sin ignorar las cuestiones del liderazgo, siempre importantes, así como los casos concretos de
grandes imperios empresariales el Gerente “todoterreno”,
“omnipotente señor de su territorio”,
es una figura cada
vez menos invocada y
exaltada. En las publicaciones actuales sobre gestión de empresas, en
los cursos y jornadas de formación gerencial y en las ideas de los
grandes gurús del mundo de la empresa de los inicios del siglo XXI
asoman más las ideas del Gerente que, sin perder nada de su autoridad,
sin abandonar su responsabilidad, sabe
delegar, conoce a su gente, busca rodearse de los mejores profesionales
de su empresa, explota el capital humano, implanta una cultura de
empresa participativa, anima a la innovación y a mantener y aumentar el
conocimiento dentro de su empresa...
Esta
es la figura del Gerente actual, como vigía
y patrón del barco de cada empresa, en el que navega juntamente con
toda su plantilla de empleados... en busca de los objetivos grandes y
pequeños que se va marcando.
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