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Las funciones de mando y el organigrama de la empresa
19.09.05.
Con
frecuencia, se plantea en la empresa o se encuentra el Gerente la necesidad de
hacer el organigrama de la misma. Unas veces deberá hacerse por primera
vez, otras será modificar el existente. Ante esta coyuntura, quien o quienes
afronten esta tarea, deberán seguir una determinada sistemática, un camino
adecuado que les lleve a obtener el mejor organigrama posible, en orden a su
eficacia y a su implantación con éxito y sin problemas.
El
organigrama, como es sabido, aglutina en sus líneas y gráfico diversas
variables o cuestiones. Así podemos citar, entre otras:
- Tipo de organización elegida
- Departamentos, áreas o secciones creadas
- Dependencias orgánicas y jerárquicas
- Funciones de mando
- Relaciones internas
- Funciones a realizar y atribuciones
- Personas asignadas a la dirección de las
subdivisiones organizativas diseñadas
De
todos estos aspectos, el de las funciones de mando es de suma
importancia. La dirección del personal de las distintas subdivisiones
creadas (departamentos, áreas, secciones, etc.) se ha de llevar a cabo
por medio del mando. Este mando tendrá niveles diferentes en su
amplitud, según el lugar del organigrama que estemos considerando y
estará sujeto, a la vez, a la dependencia de otros mandos superiores en
jerarquía.
Todo
organigrama, contempla líneas verticales y horizontales de relación
y de dependencia. El mando atribuido a quien o quienes estén al
frente de cada elemento del organigrama estará en relación a su
ubicación vertical y horizontal en el mismo.
Al elaborar un organigrama,
siempre cabe preguntarse si es preferible definir las
funciones de mando o los puestos ocupados por quien ha de ostentarlo.
Las funciones de mando se otorgarán a quienes ocupen puestos de
mando, es decir hagan cabeza en cada una de las unidades diseñadas
en el organigrama o en las subdivisiones de éstas. Así pues, parece
recomendable establecer previamente los departamentos, áreas o
secciones que existen o han de existir en la empresa, fijar los
puestos de trabajo que requieren mando en las mismas y diseñar así el
organigrama.
Empezaremos
estableciendo la cabeza de la empresa que, según los casos, será:
- Consejo de Administración
- Consejero Delegado
- Director General
- Gerente
A partir de ahí, estableceremos,
dibujando los tradicionales rectángulos o recuadros representativos de
las subdivisiones de la empresa, esos departamentos, secciones o áreas.
Su denominación dependerá de la empresa y sus usos y costumbres, de su
tamaño y del grado de división que se quiera o sea preciso realizar.
Así, aparecerán, normalmente, las relativas a:
- Producción
- Administración
- Comercial
- Almacenes
- Planificación
- Ventas
- Distribución
- Etc.
Los
nombres serán estos u otros, pero sus
campos de actividad son los habituales. De estas áreas
organizativas fundamentales, será preciso hacer desgloses en
otras varias de un nivel inferior. Y, a veces, repetir ese desglose
sobre esas subdivisiones. Llegaremos
así a los clásicos gráficos en cascada
o piramidales, característicos de los organigramas.
Una
vez, que está hecho el dibujo organizativo de la empresa, en base a las
distintas funciones a realizar en ella, viene la tarea de atribuir
las funciones de mando en cada una de ellas. Ese mando contiene un
elemento de extensión (¿sobre qué área? ¿sobre qué personas?) y
otro de atribuciones (¿ sobre qué cuestiones?). Estamos así
considerando:
- Las funciones a realizar por quien está al
frente en ese “recuadro” del organigrama.
- Las responsabilidades que tendrá.
- Su autoridad y los límites de ésta..
- Sus límites en las atribuciones de gasto o de
pagos.
- Las relaciones jerárquicas y de dependencia
con sus jefes y subordinados
- Las relaciones con otros de su mismo nivel
- Los mandos intermedios, que en su caso, deberá
tener y atribuciones de estos.
Algunos
de los problemas clásicos de los organigramas son los que se
presentan en ocasiones por:
- No utilizar la lógica y la racionalidad en su
elaboración, sino consideraciones de otro tipo, como la colocación
de personas concretas.
- No definir bien los límites de las áreas
funcionales del organigrama.
- Permitir la existencia de “zonas de nadie”
y “zonas superpuestas”
- No establecer en absoluto o hacerlo sin
concretar del todo los límites funcionales y de autoridad.
Uno
de los problemas a resolver es el de la ubicación adecuada de
ciertos órganos de actividad en la empresa, tales como
el control de calidad, la prevención de riesgos laborales, los
auditores internos y aquellos otros que requieran un cierto grado de
independencia dentro de la empresa. Una deficiente ubicación, colgados
de un área que precisamente ha de ser objeto de su actividad, puede dar
al traste con la eficacia de esas funciones.
Una
vez diseñado todo el organigrama, con sus funciones, responsabilidad y
atribución de autoridad, es preciso colocar las personas que han
de estar al frente de cada unidad o elemento del organigrama. De este
modo, establecido previamente todo lo anterior, será más fácil poner
en manos de las personas que resulten designadas para ser los mandos en
cada elemento organizativo, esas funciones de mando, responsabilidades y
niveles de autoridad.
Por
lo dicho hasta aquí, se deduce la importancia de que exista
un organigrama, acompañado de un Manual de Organización o de
Funciones que defina puestos, responsabilidades y autoridad
conferida. Así, una vez designados los mandos, se les entregará el
Manual y deberán cumplir con la parte que les corresponda, la cual
estará perfectamente definida en el mismo.
La elección de las personas que
han de estar al frente de
cada área organizativa del organigrama no debería de ser, caprichosa
ni con criterios únicamente
de fidelidad al jefe, simpatía, estimación de su valía personal,
historial o experiencia anterior. Todo esto es importante, pero el
Gerente o Director General de la empresa ha de analizar que características
requiere cada puesto, de acuerdo con lo establecido previamente en el
organigrama, con Manual o sin él, e ir asignando a las personas más idóneas
de las que disponga. Esto es de sentido común pero, con frecuencia,
este es el menos común de los sentidos. Y priman razones
extra-organizativas en la elección de los mandos y en la atribución de
sus funciones.
El entusiasmo que pongan los
mandos en sus tareas y funciones, su grado de satisfacción personal e
identificación con la empresa y su trabajo, tendrá mucho que ver con
la buena definición de todo lo anterior y con que se cumpla. Es decir,
que el organigrama y sus funciones de mando existan realmente, se puedan
desempeñar, no sufran perturbaciones porque haya quien se salga de su
zona y ocupe o invada la de otros, no existan “puenteos” por parte
de sus jefes, no haya una autoridad respaldada por estos que impida su
correcto ejercicio. En definitiva, que teoría y práctica se fundan en
el día a día de la
empresa, entre lo diseñado y su puesta en ejercicio. Pero, como el ser
humano con frecuencia antepone sentimientos, carácter, simpatías y
antipatías, afinidades personales, intereses particulares, deseos de
trepar por la pirámide empresarial, con frecuencia deshace con su
actuación la buena labor prevista de un organigrama bien diseñado.
Corresponde, en estos casos, al “Gran Jefe” saber ver esas
circunstancias, detectarlas y ponerle
el remedio adecuado. Como suele decirse “eso va en su
sueldo”.
Manuel Díaz Aledo
Consultor de “DYAL QUALITY”
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