|
Motivación en el empleo y medidas del grado de satisfacción de los empleados
17.11.06.
La aplicación en diferentes empresas y
organizaciones de cuestionarios o
encuestas de medición del grado de satisfacción de los empleados, a lo
largo de cierto tiempo, me ha llevado a poner por escrito unas breves
reflexiones sobre estos temas. La finalidad que persigo es ayudar a una mayor
concienciación, por parte de la Dirección o Gerencia de muchas empresas, y
contribuir en pequeña medida a la formación de aquellas promociones de
asistentes a cursos Master o similares de RRHH y de Administración y Gestión
de Empresas.
Los
resultados que vamos obteniendo en aquellas organizaciones en las que,
como Consultores externos, trabajamos aplicando medidas del grado de
satisfacción de los empleados, nos ponen de manifiesto diversas
cuestiones. Sin generalizar, ya que cada empresa es un mundo y tiene múltiples
diferencias con las demás, una primera señala que, aunque en bastantes
ocasiones los empleados resaltan que la empresa en que trabajan es buena
y constituye una excelente o aceptable carrera profesional, ponen de
manifiesto, a su vez, que adolece de diversos fallos que llevan a la
desmotivación en el trabajo. Parece una paradoja que aquellos que están
satisfechos de su empresa, no lo estén en su trabajo personal.
Pero ¿de qué se quejan o qué subrayan como elementos negativos
en su propio trabajo?
La
casuística es muy amplia. Pero podemos señalar los siguientes, como
algunos de los más generales:
- Jefes
que no son accesibles con facilidad
- Jefes
que no escuchan o atienden suficientemente a sus empleados
- Las
iniciativas y sugerencias personales, muchas veces, no son acogidas
o atendidas
- No
se valoran positivamente los esfuerzos que el empleado hace, más
allá de lo que podría considerarse normal ( esfuerzos de tiempos
extras o de sobrecarga de trabajo)
- Poca
comunicación vertical y horizontal en la empresa
- Exceso
de presión, por actitudes personales de jefes o mandos intermedios
- Desconfianza
hacia la actitud y el trabajo de los empleados
- Falta
de información sobre la empresa, sus objetivos o su marcha por
parte de la Dirección a los empleados
- Actuaciones
por urgencias o impulsos, con poca planificación
- Falta
de definición de las tareas a realizar por los empleados
- Escasa
formación inicial, sobre los puestos de trabajo y tareas a los
nuevos empleados
- Puestos
de trabajo mal diseñados, incómodos o poco dotados de elementos
necesarios
Podríamos
seguir señalando aspectos señalados negativamente con frecuencia por
los empleados en las encuestas o cuestionarios que cumplimentan con
nosotros. Pero, quiero centrarme hoy, solamente, en los aspectos señalados.
Antes,
debo de advertir que hay otros dos temas que salen con frecuencia, pero
bastante menor que lo que pudiera parecer: Me refiero a la remuneración
salarial y a los horarios de trabajo. Es evidente que esto va muy
relacionado con cada empresa concreta y sus condiciones salariales y de
horarios de trabajo. En aquellas en que esos aspectos tienen un nivel
satisfactorio, la inclusión en el abanico de aspectos negativos que
resaltan los empleados no suele incluir quejas sobre el sueldo o el
horario, salvo trabajadores aislados. Por el contrario, en aquellas que
se mueven en niveles salariales bajos o con horarios muy duros, es
frecuente que una parte de la plantilla si los incluya.
En todo caso, se observa un cierto retroceso en la manifestación
en los cuestionarios o encuestas de las cuestiones salariales y de
horarios o jornadas de trabajo. Posiblemente, la precariedad en el
empleo y la dificultad para acceder a un puesto de trabajo estén en el
origen de este comportamiento.
Todos
los temas señalados antes, como subrayados negativamente por los
empleados de diversas empresas, son claramente
desmotivadores. Es evidente que, cuando un trabajador manifiesta su
insatisfacción hacia determinados aspectos como los señalados, su
grado de motivación decae pudiendo llegar a extremos límite. En esos
casos, o bien reacciona
tomando la determinación de cambiar de empresa o, por el contrario, se
convierte en un trabajador pasivo, a la contra, que hace lo mínimo y no
siente en absoluto la empresa como una organización colectiva. Allá
sus jefes y los dueños de la empresa, piensan.
Otra
cuestión, no citada hasta aquí, que produce una gran insatisfacción
laboral es el estar con contratos
temporales, máxime si existe en la empresa la costumbre de no
renovar los mismos o no hacerlo antes de su conversión a indefinidos.
Estas prácticas, cada día más frecuentes, eliminan toda la motivación
en el trabajo. Piensan para que me
voy a matar. Totalmente, haga lo que haga, no voy a seguir aquí. Me van
a echar. El trabajador nunca se plantea, en su fuero interno y con
convencimiento, que su contrato era de 6 meses o de cualquier otra
temporalidad y, en consecuencia, sujeto a un final. Piensa siempre en términos
de despido, aunque jurídica y
legalmente no lo sea. Pero su sentimiento suele ser ese. Y por tanto,
factor desmotivador en sumo grado.
Volviendo
a las cuestiones negativas, señaladas al inicio, hacemos un breve
comentario sobre ellas:
a)
Jefes que no son accesibles con facilidad
Con
cierta frecuencia, los jefes (gerentes, directivos, mandos intermedios,
etc) ponen trabas a que los empleados puedan llegar hasta ellos. Esto
varía considerablemente con el tamaño de la organización. En una gran
empresa, no sólo es lógico sino imposible en la práctica que pueda
darse esa accesibilidad, en forma habitual. En cambio, en una pequeña
empresa, de pocos trabajadores que se ven la cara con su jefe o jefes
continuamente, ese acceso es mucho más sencillo y posible. Pero,
salvando estas diferencias, está bastante extendida esa costumbre,
intencionada o no, de
procurar poner una barrera. Esta será una secretaria o un despacho con
la puerta siempre cerrada, con
una costumbre o norma establecida tácitamente y seguida en el tiempo o
con un carácter frío, duro o de malos modos y palabras. Sea como sea,
esa barrera la sufre la plantilla de trabajadores que no puede o no se
atreve a acceder nunca a sus jefes.
La
consecuencia es que, dado que a lo largo del tiempo, los trabajadores
tienen necesidad de acudir a sus jefes y hablar con ellos, o simplemente
desean hacerlo para exponerles algo, la inaccesibilidad de estos lleva a
una actitud de caída de la motivación en el trabajo. No es preciso señalar,
por obvio, que por lo general, una sola cuestión no suele generar una
desmotivación grande. Suele ser la concurrencia de varias, la que lleva
a ese problema. En consecuencia que, el aislamiento de un jefe de su
plantilla de trabajadores para que estos se limiten a trabajar y a callar suele traer insatisfacción y
desmotivación.
b)
Jefes que no escuchan o atienden suficientemente a sus empleados
Esta
cuestión tiene una gran relación con la del punto anterior o es una
consecuencia de ella. Centrándonos en la segunda parte de la misma,
sucede que existen jefes que si permiten el acceso o lo facilitan. Pero
escuchan poco o nada al empleado o, sencillamente, no hacen el menor
caso del asunto planteado. Y como eso siempre se acaba notando, el
empleado lo percibe y concluye
que ir a ese jefe es perder el tiempo. Por ahí puede venir la
desmotivación igualmente.
c)
Las iniciativas y sugerencias personales, muchas veces, no son
acogidas o atendidas
En
mis años de Director de Producción en una importante multinacional de
las Telecomunicaciones y, anteriormente, en unos conocidos astilleros
españoles, con una amplia plantilla de trabajadores bajo mi mando y
diferentes niveles organizativos, pude comprobar la importancia que
siempre tiene el aspecto que tratamos en esta letra.
Los
empleados, y más frecuentemente los de las empresas industriales a
todos los niveles, generan iniciativas y sugerencias sobre su trabajo.
Generalmente se trata de cuestiones que pretenden mejorar la forma de
trabajar, la utilidad de máquinas y herramientas,
facilitar procesos de trabajo o planificaciones, o mejorar,
racionalizar o hacer más cómodo el puesto de trabajo. Es muy abundante
la casuística en este punto. Pero, ahora estamos considerando la
circunstancia en que un trabajador propone a su inmediato superior una
iniciativa o sugerencia de cambio o modificación de algo relativo a su
trabajo o a su puesto de trabajo. En esos años citados antes, de
mi pasado profesional, se me presentaron muchas veces
esas situaciones.
Quienes
reciben esas sugerencias pueden adoptar diferentes posturas:
- Escuchar
atentamente y no hacer nada.
- Escuchar
con poco interés.
- Descalificar
de inicio o al final la iniciativa o sugerencia sin más.
- Mostrarse
molestos o incómodos ante la propuesta.
- Invitar
a quien la propone a que la complete o concrete más.
- Recogerla
y reflexionar sobre su viabilidad o conveniencia de su aceptación o
implantación.
- Ponerla
en marcha para ver si funciona.
- Cerrarse
en banda e indicar al trabajador que no es posible cambiar nada.
La
lista de posibles actitudes frente a las iniciativas y sugerencias se
podría engordar ampliamente. Pero no es preciso ahora. La realidad es
que pocas cosas desmotivan tanto a un empleado que ha
generado una iniciativa o una sugerencia que cree será
constructiva, como que su jefe inmediato no le reciba, no le escuche,
descalifique su idea sin apenas oirle, no haga nada, la desprecie o
sencillamente, la archive sin más. Entiendo que, además, desde el
punto de vista del interés de su empresa, todas las iniciativas, ideas
y sugerencias razonables debieran de ser tenidas en consideración,
estudiadas y, si son válidas, aplicadas.
d)
No se valoran
positivamente los esfuerzos que el empleado hace, más allá de lo que
podría considerarse normal ( esfuerzos de tiempos extras o de
sobrecarga de trabajo).
Es
muy frecuente en muchas empresas que la plantilla soporte, en
determinadas épocas de mucho trabajo o de forma habitual, sobrecarga de
trabajo y alargamiento de su jornada más allá de lo que
tiene establecido, de acuerdo con su horario de trabajo.
Desaparecidas, hace años, en su auténtica concepción las horas extras
remuneradas adecuadamente, son bastantes los casos en que
no hay hora de salida o en que en momentos punta de trabajo todos
hacemos de todo o se trabaja a tope para sacar adelante el trabajo extra
de esos momentos. Con
bastante frecuencia en empresas con trabajadores no
quemados, y sea de mejor o peor gana, la plantilla comprende la
situación y se emplea a fondo. Piénsese en la entrega de un pedido
importante, con el plazo acabándose, en una empresa de fabricación o
en la elaboración del muestrario y presentación a los clientes en una
textil, por poner dos ejemplos corrientes.
Ante
esas situaciones, bastante frecuentes, quiebra mucho la motivación de
la plantilla el hecho de que los jefes no valoren en alguna forma esos
esfuerzos de los empleados. Que no lo agradezcan, aunque solamente pueda
ser con palabras de ánimo, cuando no sea posible ninguna otra forma de
retribución de esa dedicación adicional. Pensar que eso
ya va con el sueldo y que el empleado tiene que tirar, en todas las
circunstancias por la empresa, puede ser una forma de equivocarse si
se quiere mantener alta la motivación de los trabajadores. Pero todo
esto, dentro de lo que el sentido común y las circunstancias
de la empresa en cada momento permitan.
e)
Poca comunicación vertical y horizontal en la empresa
La
comunicación es cada día más valorada en la empresa moderna. Quedan
ya lejos, aunque existan y puedan ser muy rentables las que ignoren por
completo el concepto de comunicación interna de la empresa, aquellos
tiempos en que la plantilla se dedicaba a trabajar, siguiendo órdenes
personales, sin la más mínima comunicación y, en consecuencia,
conocimiento de la vida de la empresa como organización de personas.
La
comunicación interna ha de seguir las dos líneas de flujo posibles:
vertical y horizontal. De Dirección a mandos intermedios y de estos a
trabajadores y viceversa. De este doble flujo, saldrán ganando todos.
f)
Exceso de presión, por actitudes personales de jefes o mandos
intermedios
Sucede,
con frecuencia, que a la presión en el trabajo, experimentada por
quienes trabajan en una organización, se une la adicional derivada del
carácter y forma de ser y actuar de uno o varios jefes o mandos
intermedios de la misma. Además, está el efecto piramidal que se
produce cuando, desde la Dirección se emiten o dan órdenes sobre el
trabajo y el rendimiento de los trabajadores o las diferentes secciones
y éstas son transmitidas, hacia abajo, por la cadena de mando. Se
produce un conocido efecto
multiplicador que hace que al llegar al último de los empleados,
las órdenes sean mucho más exigentes y duras que cuando salieron de la
Dirección.
Sea
por una u otra razón, la habitualidad de estos comportamientos que, en
definitiva, aumentan la presión sobre la plantilla para que trabaje más,
acabe pronto, tenga más rendimiento o mejor calidad o. sencillamente,
produzca más, lleva a un cansancio psicológico del personal. Esto
conduce a medio plazo a una desmotivación, asunto que la dirección y
jefes debieran tener en cuenta con mayor frecuencia,
g)
Desconfianza hacia la
actitud y el trabajo de los empleados
En
ocasiones, menos que en los casos anteriores, ocurre que el empresario,
gerente, jefes o mandos intermedios parten de un sentimiento de
desconfianza hacia alguno de los trabajadores o de todos ellos, en el
sentido de
que no están predispuestos a trabajar ni a colaborar con la
empresa o con ellos. Es decir, desconfían de sus intenciones frente al
trabajo y por tanto consideran que constituyen auténticos vagos
o aprovechados, cuyo único objetivo es trabajar lo menos posible y
cobrar lo más que se pueda. Sin negar la existencia de comportamientos
de este tipo en las plantillas de empleados, sin embargo no podemos
compartir, en ningún caso, su generalización. Puede haber
circunstancias en una empresa, tan desmotivadotas y frustrantes para
el espíritu de trabajo, que lleven a su plantilla o parte de
ella a enrocarse en actitudes como las señaladas. Pero siempre serán
casos aislados. No es lo normal. Por ese motivo, partir de ese
presupuesto para efectuar un estilo de mando y dirección asentado en
esa desconfianza lleva a actitudes u situaciones percibidas como muy
desmotivadotas por el personal.
h)
Falta de información
sobre la empresa, sus objetivos o su marcha por parte de la Dirección a
los empleados
Es
evidente que la empresa no tiene ninguna necesidad ni obligación, por
lo general y a salvo de los requisitos legales de información a los
representantes de los trabajadores o más allá de ellos, de dar a sus
trabajadores información sobre sus objetivos, la marcha de la empresa
en diversos aspectos, políticas a seguir y otros muchos más. Pero, si
sirve para algo mi propia experiencia, el personal agradece saber en qué
barco va y hacia donde se dirige. E
igualmente otro tipo de informaciones que lleven a conocer para qué
sirve su trabajo, al mostrarle el conjunto de los efectuados en la misma
y la contribución de cada trabajador al producto o servicio final. Es
decir que existen muchas cosas que, sin constituir los pilares básicos
o los secretos de la empresa,
pueden darse a conocer a los trabajadores para lograr una mayor motivación
y sentimiento colectivo de a qué
pertenecen, en qué trabajan, como participan ellos y a donde va la
empresa. Con las explicaciones adecuadas al caso, en los momentos
oportunos y con la dosificación que sea precisa, se puede mejorar el
ambiente de trabajo y la satisfacción en el mismo.
i)
Actuaciones por urgencias
o impulsos, con poca planificación
En
las empresas, cualquiera que sea su dimensión, es muy frecuente
trabajar o ir al día, desarrollar las actividades en el límite
temporal, sin descanso ni sosiego. Y, en estas situaciones, no siempre
existe detrás una cuidada planificación. Al menos una planificación
seria y rigurosa que deba cumplirse paso a paso. Es muy común el actuar
por impulsos o urgencias. Es sabido que, con frecuencia, se está
trabajando en productos o servicios para el
que más aprieta o el que más
interesa y que, basta que otro cliente apriete más o reclame, para
que se cambie y se ponga la empresa o sección a trabajar para este último.
Estas situaciones que suceden con frecuencia y, muchas veces
inevitablemente, echan por tierra la planificación del trabajo y
deterioran la rentabilidad de cada uno de estos. También, la motivación
del trabajador que se desorienta y no entiende la razón de tanto arrancar
y parar.
j)
Falta de definición de las tareas a realizar por los empleados
Otra
cuestión es la de aquellos casos en los que las tareas que cada
trabajador o algunos de ellos han de desarrollar, no están
suficientemente definidas o detalladas. Se deja así a la iniciativa
propia de cada uno el hacerlas de una u otra forma. Esta circunstancia,
que se puede dar en todo tipo de empresas, es característica de las de
servicios y comerciales cuando no se explicitan adecuadamente tareas,
procedimientos y formatos o registros o cumplimentar. En esas ocasiones,
los trabajadores montan su propio tinglado
y diseñan y desarrollan sus propios papelitos.
Es decir, crean una forma de trabajar y una estructura documental atípica,
fuera de control y, lo que es peor, que sólo ellos conocen. Se produce
así, además, un efecto colateral nefasto:
se convierten en imprescindibles ya que nadie más conoce el
funcionamiento de su área de trabajo. ¡Y hasta sus vacaciones o bajas
laborales son un enorme problema para la empresa!
Desde
la óptica que aquí desarrollamos, esa indefinición lleva a
desmotivación al ver y palpar los trabajadores el caos o la falta de
planificación.
k)
Escasa formación inicial, sobre
los puestos de trabajo y tareas a los nuevos empleados
Algo
parecido a lo señalado en la letra anterior sucede si no existe o se da
una formación inicial al nuevo trabajador. En la multinacional en que
durante algunos años trabajé, se daba una gran importancia al momento
de la incorporación de nuevos empleados a la empresa y se diseñaban
sesiones o cursos de formación, adecuados y proporcionados al nivel y
necesidades de cada puesto de trabajo, que ponían con prontitud al recién
llegado en condiciones de trabajar sin problemas. Pero, por desgracia,
en nuestro país se sigue llevando mucho el dar cuatro explicaciones, un
par de instrucciones y consejos y ¡a trabajar!, cuando no pensar que
dada su formación o experiencia ya puede desarrollar su nuevo trabajo
por sí mismo desde el primer minuto. Esta carencia de formación
inicial, al poner a los nuevos empleados en situaciones difíciles, a
veces durante largo tiempo, son otra forma más de desmotivación.
l)
Puestos de trabajo mal
diseñados, incómodos o poco dotados de elementos necesarios
Este
punto nos llevaría muy lejos, si pretendiésemos entrar a fondo en él.
Pero no es el caso, por lo cual nos limitamos a unas breves ideas. Es
frecuente, en infinidad de empresas, que no se preste excesiva o ninguna
atención al puesto de trabajo en cuanto a su diseño, dimensiones,
comodidad, ergonomía, condiciones ambientales o dotación de elementos
de ayuda hoy día difícilmente prescindibles. Es más, nuestra
experiencia nos dice que estas situaciones son mucho más frecuentes de
lo que se puede pensar. Muchas veces son los propios trabajadores los
que van resolviendo, por su cuenta, algunos de los problemas derivados
de un puesto de trabajo mal diseñado. Por supuesto que existen
bastantes excepciones a esto y el trabajo de los profesionales en métodos
y diseño de puestos de trabajo se nota en muchos casos. Pero permanece
lo que señalamos en multitud de casos.
Es
evidente que ello requiere, desde disponer del espacio y medios
necesarios, hasta que alguien con conocimientos o, al menos, con buenas
dotes de observación efectúe un reconocimiento de todos los puestos y
capte sus deficiencias y necesidades. Y estas personas, en muchas
ocasiones, ni existen ni es posible que existan. Pero siempre hay
soluciones para suplir estas carencias. Lo que es evidente es que un
empleado, situado toda su jornada laboral en un puesto de trabajo incómodo,
mal planteado, poco ergonómico, con malas condiciones ambientales ( de
luz, ruidos, olores, estrechez en los pasos, calor, frío, etc) o con
falta de elementos o herramientas de trabajo necesarias o habituales hoy
en día, siempre acabará por estar insatisfecho en su trabajo y
desmotivado.
En
definitiva que, todas esas situaciones descritas y tratadas someramente
y otras muchas que se dan en la práctica, llevan al personal a mostrar
su insatisfacción en los cuestionarios y encuestas de medida del grado
de satisfacción en el trabajo o de clima y ambiente laboral. Y, también,
llevan al abandono de la empresa
en búsqueda de otra mejor o que les satisfaga más, aunque consideren
a la suya como buena dentro de su sector.
Manuel Díaz Aledo
Consultor de Dyal
Quality
Otros
trabajos relacionados en esta web:
¿Cómo
dirigir mejor a mis empleados?
Factores
que inciden en el clima laboral
Las
encuestas sobre el clima laboral y ambiente de trabajo en la
empresa
Modelo
de cuestionario de medición del clima laboral
¿Cómo
aplicar los cuestionarios de medición del clima laboral en
una empresa?
Algunos
errores clásicos en la dirección de una empresa
|