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  Ya está aquí la crisis económica… y después ¿qué?
25/11/2008


  Amplio reportaje que ofrece una explicación de la crisis económica mundial y sus causas, e incluye l
Este artículo de opinión y divulgativo sobre la crisis económica actual está escrito desde mi doble perspectiva global de profesional de la empresa y la economía y de ciudadano de a pie. Como profesional, hablo y pienso desde una larga experiencia en el mundo de las empresas y sus actividades en diversos sectores, como trabajador y como asesor. He visto y analizado cientos de balances y cuentas de Pymes, he hablado con frecuencia con sus gestores y empresarios, sigo de cerca las noticias sobre temas económicos y financieros de los medios de comunicación. Como ciudadano, escucho toda clase opiniones de amigos y vecinos, leo la prensa y sigo, a pequeñas dosis, tertulias de radio y TV. Y, además, como contribuyente, observo cómo y en qué se gastan los dineros el Estado y las Administraciones Públicas. Estoy, por tanto, como muchos de mis conciudadanos en la cresta de la ola o, si se quiere, en el medio de la calle que es en donde se ven mejor las cosas.

Dicho lo anterior, como justificación previa del por qué de mis opiniones sobre la crisis que padecemos, paso a exponer las mismas sabiendo que estamos bombardeados por toda clase de explicaciones sobre la grave situación que empezamos a padecer. Eso sí, lo hago prescindiendo de cifras y datos para hacer más llevadera la exposición. El debate está abierto en todos los frentes. Solamente en Internet hay miles de páginas que hablan y opinan del tema y en muchos foros se lanzan frases y frases en un auténtico fuego cruzado que, con frecuencia, se queda en escaramuzas de sus propias opciones políticas.

Entrando en el tema, hay que decir que tenemos encima diversas crisis. Y en mi país, en España, varias en una. Partiendo de causas distintas han venido a juntarse, a confluir en la actualidad. Y esto juega a favor del despiste, del no tener claro de donde viene y a donde va. Y es situación ideal para que los políticos salgan por donde les conviene y tapen y oculten su alícuota parte de culpabilidad.


LA CRISIS FINANCIERA MUNDIAL
Una de ellas es la crisis económica mundial que en los últimos meses arrasa el planeta tierra de costa a costa y de norte a sur. Su origen es de naturaleza meramente financiera y ha explotado a raíz de los conocidos acontecimientos de la banca de los EEUU y las famosas hipotecas basura. A estas alturas de la película todo el mundo conoce ya lo que ha sucedido en los Estados Unidos. Desde hace algunos años, la Banca se lanzó a la concesión de hipotecas de alto riesgo, ya que se concedieron a miles de familias con muy escasos recursos y sueldos limitados. La bonanza económica animó a ambas partes. A los bancos a concederlas a tipos ínfimos de interés y a quienes querían acceder a una vivienda a hipotecarse creyendo que podrían pagarla. Lo malo de esto, que el mundo entero ha conocido ahora pero que los expertos sabían ya y, por supuesto, también las autoridades estadounidenses que controlan la banca y los directivos de éstas, es que esas hipotecas basura, esos papeles, ya que no son otra cosa que papeles con la firma de los interesados, fueron puestas en el inmenso mercado global de la banca para transmitirlas al mejor postor. De este modo, entidades bancarias de todo el mundo se hicieron con una gran parte de esos papeles baratos, que ofrecían excelente rentabilidad, valga la paradoja. E incluso pudieron revenderlos en ese inmenso mercado financiero globalizado. Todo pura especulación. Comprar y vender y obtener beneficios y márgenes de acuerdo con la filosofía que rige casi todos los movimientos bancarios desde hace una década, al menos. Beneficios rápidos y elevados. ¿Para qué perder el tiempo con los créditos a empresas y empresarios que son de márgenes más reducidos y generación más lenta?

Pero, claro está, llegó lo que habría sido previsible si la avaricia del beneficio a todo pasto, con efecto multiplicador de más beneficio y más rápido, no hubiese cegado a todos los que iban en esa caravana. Queda la duda de si las autoridades que controlan la banca, si los Bancos Centrales de los diversos países y los rectores de los restantes bancos no lo vieron, no supieron verlo o no quisieron verlo. Me quedo con que los vientos soplaban favorables para ganar mucho dinero y mientras eso fuese así, ¿para qué sacar a relucir temores? ¿Y los políticos? Pues a otra cosa.

Bastó que la bonanza económica tuviese un catarro, bajaran algo los indicadores económicos americanos, para que una parte de quienes se hipotecaron para adquirir vivienda, teniendo escasos recursos, no la pudiesen afrontar. Y empezó el crac. Si no pagaban las hipotecas, perdían la vivienda, pero alguien en alguna parte del mundo veía que su papel de hipoteca basura, tan rentable él, pasaba a no valer nada. Nada de nada. Es decir cero. Y aquellos que tenían más o muchos papeles de esos sumaron cero más cero más cero… La consecuencia no se hizo esperar: en los últimos meses hemos conocido la quiebra de determinadas bancos de inversiones y entidades aseguradoras. Primero de EEUU, pero después de otros países. La avaricia y el considerar que la banca es para ganar rápido y mucho, caiga quien caiga, rompió el saco. Pero claro está, quienes se lucraron de ese beneficio alocado en la última década se han llevado sus buenos dividendos, sueldos o ingresos. ¡Que les quiten lo bailado! El negocio se acabó pero ya aparecerá otro, estarán pensando. Otra cosa son los miles de trabajadores que han perdido su empleo y, sobre todo, los ciudadanos de a pie que metieron sus ahorros en las entidades quebradas y han perdido, posiblemente, todo.

Esta espectacular tormenta financiera se ha propagado a todo el mundo. Al occidental y los otros, los de países emergentes y los del tercer mundo. Con más o menos rigor, pero ha llegado a todas partes. Y lo que queda, probablemente, por llegar todavía.


LA CONFIANZA MUNDIAL EN LA BANCA
Quizás la consecuencia más peligrosa que ha traído esa crisis financiera mundial, sea la pérdida de la confianza en la Banca. Todo el mundo sabe, a estas alturas, que el sistema financiero de la banca está montado y soportado sobre la confianza de todos en él. Un ciudadano español, marroquí o ucraniano lleva al banco sus ahorros, pocos o muchos, en la seguridad (así como suena ¡seguridad!) de que los tiene a buen recaudo y los retirará cuando lo desee. Además, puede obtener un pequeño beneficio con esos ahorros (¡observen que digo pequeño beneficio, intencionadamente!). Y así ha sido desde que la banca es banca en un mundo organizado y serio, en especial en el siglo XX. Si alguien desconfiase de esto no llevaría su dinero para entregarlo en una ventanilla de un banco a un tipo que no conoce y que lo guarda en su caja. Y el sistema ha funcionado muy bien en ese aspecto.

Pero sucede que cuando hay rumores de crisis de un banco, o de varias entidades, cuando se produce la quiebra de alguno de ellos, cae sobre la población, cliente de los bancos, un diluvio de miedos y preocupaciones. La gente se pregunta ¿y si lo pierdo todo? ¿Y si no me lo dan cuando lo pida? Y así entra el miedo. Y del miedo al pánico puede haber corto trecho. El crac del 29 fue un ejemplo de esto y sirvió para aprender mucho sobre la forma de evitar estas situaciones. Por eso hemos cruzado los mares de todo el siglo XX sin sobresaltos serios. Las autoridades económicas y el sistema bancario tenían sus remedios para esos sustos. Pero, repito, todo se apoya en la confianza de la gente.

Es evidente que el mundo ha pasado momentos de aproximación a ese pánico en los últimos meses. Temor lo ha habido en todos. La reacción de los gobiernos de los países punteros en la economía mundial, que por fin se decidieron a hablar y a tratar de hacer algo, fue bien elocuente. Cuando salieron apresuradamente con el mensaje de que había que inyectar miles de millones de euros a los bancos para zanjar el problema de los activos de alto riesgo o activos contaminados se hizo patente que la situación era gravísima. Y lo era precisamente por la crisis de confianza en el sistema bancario que se venía encima. Si… esos políticos y autoridades que salieron, asustados, a lanzar ese mensaje acababan de encontrarse con la crisis de confianza y con la posibilidad de una cadena de quiebras bancarias.

Por eso, personalmente, creo que fue acertado, en un primer momento, ese mensaje para calmar los ánimos. Hay que tener en cuenta que las fuertes caídas de las principales Bolsas del mundo ayudaban a aumentar el caos y el desconcierto de la gente. Por eso, transmitir que los bancos tendrían fondos suficientes para limpiarse de los activos contaminados, de los efectos de aquellas hipotecas basura, ayudó a calmarse en un principio. Pero claro está, desde entonces apenas se ha avanzado en un tema crucial. ¿A quién se le darán? ¿Quién y cómo se controlarán los fondos que se les entreguen? ¿Quién velará porque vayan a la finalidad prevista y no a sanear balances o aumentar beneficios de los bancos? Y en éstas estamos, por ahora, en especial en mi país.

Se ha salvado el primer round de este combate. La confianza de las gentes en el sistema bancario permanece. Y esto era esencial para mantenerlo en pie que es, al fin y al cabo, lo que todos deseamos. Que el sistema funcione ya que, en caso contrario, las consecuencias no pueden ni imaginarse.


¿Y EN ESPAÑA, QUÉ?
En mi país, las cosas son más graves todavía. Posiblemente, al llegar aquí habrá quien me tache de catastrofista. Para una parte de los ciudadanos españoles, que son conscientes y sufren las consecuencias de la crisis como los demás, no se trata de esto sino de una recesión o una desaceleración de carácter global, vamos que la hay en todas partes. Es una pena que el debate político de izquierdas-derechas que hay en España desde 1930, año más, año menos, actúe continuamente como árboles que no dejan ver el bosque. Confío en que algún día talaremos esos árboles. Pero entretanto, mantengo, al igual que muchos de mis conciudadanos que en España tenemos otra profunda crisis, muy propia y muy nuestra, que se suma a la crisis financiera mundial que antes hemos considerado.

La economía española, y esto es ya opinión unánime, se ha apoyado en dos pilares básicos. A partir de los años sesenta lo hizo en el desarrollo del turismo y en las famosas remesas de los emigrantes de la próspera Europa. Desde hace 10/15 años, también y en gran medida, en el sector de la construcción. Pero vayamos por partes.

El turismo ha ido muy bien hasta ahora, hasta que la crisis financiera mundial y la económica, en particular, en diversos países ha retraído a una parte de nuestros habituales y masivos visitantes. El turismo ha sentido ya en sus carnes la crisis y se ha frenado. El miedo a la caída total es grande. Y las remesas aquellas de los emigrantes se quedaron en los años del franquismo y poco más. Entre tanto, la construcción surgió como la gran locomotora de la economía española. Y lo ha sido. Ha creado empleo y trabajo, ha propiciado muchas empresas auxiliares y movido hacia arriba a otras muchas que abastecen a los miles de edificios construidos. Sí, la construcción ha empujado el bienestar y el crecimiento económico español fuertemente. ¿Pero, nos podemos creer esto así? ¿Es rigurosamente cierta y exacta esa afirmación?

Yo creo que ahora ya podemos decir que no. Y es, además, evidente. La razón hay que buscarla en la especulación. Todo el negocio de la construcción, que por ser negocio atrajo a toda la banca para financiar y a muchos empresarios para hacer dinero, se apoyó en la especulación. Desde el suelo hasta el último ladrillo ha estado teñido de eso. Y no son ajenos los miles de personas que compraron para invertir, confiando en vender pronto al doble de lo que habían pagado. ¿Y esto qué es sino brutal especulación? No se ha construido solamente para dotar a España de un stock de viviendas que permitieran el acceso de todos los españoles a ella. No se trató de planes de la vivienda, fomentados desde el Gobierno, para esa finalidad. Ha sido un puro movimiento especulativo que ha logrado poner en todos los rincones de España, hasta en los que tradicionalmente la vida era más barata, los pisos por las nubes, con precios absolutamente fuera de toda lógica. Ha sido un río salido de madre, aunque muchos españoles disfrutaran con el baño en sus orillas.

Por eso, en cuanto los bancos se han visto atrapados en la pinza de aquellas famosas hipotecas basura americanas y sus efectos de escasez de liquidez en los mercados mundiales y en el crac de muchas familias con dificultades para afrontar las suyas, han cerrado el grifo de la financiación. De ahí el rosario de concursos de acreedores (la gente entiende mejor lo de quiebra ya que lo de concurso de acreedores esconde la realidad de las cosas) que estamos ya padeciendo en el sector de la construcción e industrias relacionadas con él. Y, posiblemente, nos quede mucho sufrimiento todavía en este sector. Veremos muchas viviendas paradas y sin terminar, gentes que no pueden ver el final de la casa que soñaron, obreros despedidos y más concursos de acreedores.

(II PARTE DE ESTE REPORTAJE)

(comentar noticia)
 
 








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